Lope de Aguirre: El soldado que declaró la guerra al cielo
Un hidalgo vasco convertido en rebelde absoluto en las entrañas del Amazonas.
Un hidalgo vasco convertido en rebelde absoluto en las entrañas del Amazonas.
Tabla de contenidos
En el corazón verde y devorador de Sudamérica, una columna de hombres avanza en bergantines podridos, devorados por la humedad, la fiebre y la sospecha. En sus estandartes ya no ondea el nombre de Felipe II, sino la voluntad delirante de un solo hombre: Lope de Aguirre, “el Peregrino”, “el Tirano”, el vasco que decidió romper con el mayor imperio de su tiempo desde una balsa perdida en el río Marañón.
Su historia mezcla la épica sucia de la conquista del Perú con un gesto político nunca visto: una carta de rebeldía abierta al rey más poderoso de la Cristiandad, escrita entre mosquitos, pólvora y cadáveres. Lope de Aguirre es, a la vez, figura de pesadilla y de leyenda: asesino cruel para unos, precursor trágico de la independencia americana para otros.

El origen del mito
Lope de Aguirre nació en Oñate (Guipúzcoa), entre 1511 y 1515, en el seno de una familia hidalga de “medianos padres”, según sus propias palabras en la carta a Felipe II. Como tantos segundones de la pequeña nobleza vasca, tenía pocas perspectivas de heredar, pero sí una educación suficiente y un linaje que defender. Hacia 1536 cruzó el Atlántico hacia el Perú, atraído por las noticias de las fabulosas riquezas incaicas y las oportunidades de ascenso social que ofrecían las Indias.
En América se curtió en la violencia. Tomó parte en las guerras civiles entre los conquistadores, primero entre las facciones de Francisco Pizarro y Diego de Almagro, y más tarde apoyando al virrey Blasco Núñez Vela en la implantación de las Leyes Nuevas frente a la rebelión de Gonzalo Pizarro. En el valle de Chuquinga recibió dos arcabuzazos en la pierna derecha combatiendo a las órdenes del mariscal Alonso de Alvarado, heridas que él mismo recordará al presentarse ante el rey como “manco de mi pierna derecha”.
Su carácter violento se forjó también en un episodio obsesivo: tras ser condenado en 1551 a azotes públicos por maltratar a indígenas, persiguió durante años al juez Esquivel hasta matarlo, en una vendetta que la historiografía recordará como “la peregrinación de Aguirre”. Amnistiado en 1554 a cambio de alistarse contra la rebelión de Hernández Girón, Lope quedó marcado por la sensación de agravio frente a las autoridades del imperio.
La expedición al Dorado
En 1559, el virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, decidió organizar una gran expedición en busca de El Dorado, la mítica tierra de oro situada —se creía— en Omagua, en la cuenca del Amazonas. Encargó el mando a un prestigioso capitán navarro, Pedro de Ursúa, fundador de ciudades en el Nuevo Reino de Granada, conocido por su dureza y su experiencia en campañas contra pueblos indígenas.
La hueste se reunió en la región de Lamas y partió en septiembre de 1560, remontando y luego descendiendo por los ríos Huallaga y Marañón. Iban unos 300 soldados españoles, más unos 300 indios auxiliares y alrededor de 20 esclavos negros, repartidos en tres bergantines, varias “chatas” o barcazas para caballos y ganado, y numerosas canoas indígenas. Entre ellos marchaba Lope de Aguirre, ya con fama de conflictivo, acompañado por su joven hija mestiza, Elvira de Aguirre.

A bordo iban también doce mujeres, entre ellas Inés de Atienza, amante de Ursúa, y la propia Elvira, con su ama y su doncella, algo poco habitual en expediciones de este tipo y motivo de murmuraciones entre la tropa. Las dificultades no tardaron en aparecer: embarcaciones mal construidas, pérdidas de provisiones, enfermedades, hambre y la sensación de que El Dorado no estaba en ninguna parte.
Del capitán al tirano.
El descontento fue el caldo de cultivo perfecto para un motín. Un grupo de soldados turbulentos, hartos del mando de Ursúa y envalentonados por el vacío de autoridad, encontraron en Aguirre a su líder más feroz. La noche de Año Nuevo de 1561, cerca de la confluencia de los ríos Putumayo y Amazonas, Pedro de Ursúa fue asesinado mientras descansaba en su hamaca, víctima de una conspiración en la que Aguirre jugó un papel clave.
Tras la muerte de Ursúa, los amotinados eligieron como nuevo jefe a Fernando de Guzmán, un joven de buena familia al que proclamaron grandilocuentemente “Príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile”. Pero la corona de fango duró poco: el propio Aguirre acabó mandando ejecutarle en mayo de 1561, en un episodio conocido como “La Matanza”, eliminando a Guzmán y a sus partidarios para asumir el mando absoluto de la expedición.
Desde entonces, sus hombres fueron conocidos como los “marañones”, por el río por el que habían descendido, y Lope como “el Tirano”, adjetivo que aparecerá en crónicas como la de Francisco Vázquez y en la memoria popular. Bajo su mando, la expedición se transformó en una procesión de violencia interna: ejecuciones sumarias, sospechas de traición, castigos ejemplares que iban diezmando a los antiguos compañeros de armas.
La carta que desafió a un imperio.
En 1561, ya lejos de cualquier autoridad real, Aguirre dio el salto definitivo: rompió formalmente con Felipe II. En la llamada “Carta de Lope de Aguirre a Felipe II”, redactada en tierras de Venezuela, se presenta al monarca como “Rey Felipe, natural español, hijo de Carlos invencible” y a sí mismo como “tu mínimo vasallo, cristiano viejo, hijo de medianos padres, hijodalgo en tierra vascongada, vecino de Oñate”.
Tras recordar sus “veinticuatro años” de servicios en el Perú sin recompensa, acusa al rey de crueldad e ingratitud por permitir los abusos de virreyes, oidores y gobernadores. Le anuncia que él y sus doscientos “marañones, conquistadores, hijosdalgo” se han salido de su obediencia, “desnaturándonos de nuestro natural, que es España, y hacerte en estas partes la más cruda guerra que nuestras fuerzas pudieran sustentar y sufrir”.
La carta mezcla lenguaje jurídico sobre la posesión de América, referencias teológicas y un tono burlón y profético que ha fascinado a los historiadores de la retórica. Aguirre llega a escribir al rey: “por cierto tengo que van pocos reyes al infierno porque sois pocos; que si muchos fuerades, ninguno pudiera ir al cielo”. Es un documento único: el manifiesto de un conquistador desengañado que se declara, sin matices, “rebelde hasta la muerte por tu ingratitud”.
No es extraño que siglos después Simón Bolívar afirmara que “la rebelión de Lope de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América”, interpretando su gesto como antecedente remoto de las luchas emancipadoras.
De la selva al Caribe: Margarita y la costa de Venezuela.
Tras descender hasta el Atlántico —probablemente por el Amazonas u Orinoco, según las fuentes—, Aguirre y sus marañones bordearon la costa hasta llegar a la isla de Margarita, frente a la actual Venezuela. El 20 de junio de 1561 entraron en la isla, tomaron la ciudad y ejecutaron a autoridades leales al rey, instaurando un breve pero brutal régimen de terror.
Desde allí cruzaron a tierra firme, a Nueva Valencia, con la intención declarada de marchar hacia Panamá, apoderarse de la flota del Pacífico y extender su guerra contra la Corona a lo largo de todo el istmo. La respuesta real no se hizo esperar: el gobernador de Venezuela y las autoridades coloniales declararon a Aguirre enemigo público y ofrecieron perdón a todo marañón que abandonara al tirano.
Poco a poco, el círculo se fue cerrando. Muchos de sus hombres desertaron acogiéndose al indulto, dejando a Lope rodeado de un grupo cada vez más reducido y aterrorizado por sus arrebatos de furia. En octubre de 1561 fue cercado en las cercanías de Barquisimeto, en el interior de la actual Venezuela.
La última violencia: Elvira y la muerte en Barquisimeto.
El final de Lope de Aguirre fue tan brutal como su vida. Acorralado, consciente de que la derrota era inminente, tomó una decisión que las crónicas describen como el gesto extremo de un hombre que no quiere que su hija caiga en manos de sus enemigos. En Nueva Valencia o en las inmediaciones de Barquisimeto —según las versiones—, mató a su hija Elvira “para que no fuese colchón de bellacos”, como relata la tradición recogida en la Crónica de Vázquez y en comentaristas modernos.
Poco después, el 27 de octubre de 1561, dos de sus propios marañones, temiendo por su vida si seguían a su lado, le dispararon y le dieron muerte en Barquisimeto. Su cuerpo fue decapitado; la cabeza, exhibida en una picota como escarmiento, mientras sus restos eran descuartizados y enviados a distintos lugares para que “jamás haya memoria del traidor”, según la expresión que transmiten las crónicas.
El legado oculto.
Lope de Aguirre fue demonizado en su tiempo como “el loco”, “el tirano”, un monstruo sanguinario cuyos actos desbordaban incluso los estándares de brutalidad de la conquista. Sin embargo, su carta a Felipe II, las crónicas de la expedición y las relecturas posteriores han ido componiendo una figura más compleja: la de un hombre que, entre delirios y crímenes, expresó por primera vez en voz alta el resentimiento de muchos conquistadores pobres contra una monarquía lejana que se quedaba con el botín.
Su vida ha inspirado novelas, ensayos y películas, desde Aguirre, la cólera de Dios de Werner Herzog hasta El Dorado de Carlos Saura, que lo presentan como símbolo de la locura imperial y de la derrota del individuo frente a la selva, el oro y el poder. Para la tradición independentista latinoamericana, su rebelión fue vista —sobre todo a partir del siglo XIX— como un remoto antecedente de las guerras de emancipación, aunque los historiadores insisten en que su objetivo era más personal y corporativo que nacional.
Hidalgo vasco, soldado del rey, asesino, hereje político, padre que mata a su propia hija y, finalmente, cadáver colgado en la historia: Lope de Aguirre encarna el reverso oscuro de la gesta conquistadora. El hombre que, desde una selva sin mapas, se atrevió a escribirle a Felipe II que estaba dispuesto a hacerle “la más cruda guerra” que sus fuerzas pudieran sostener.
Bibliografia consultada
Simón, P. et al. (Ed.). (1861). The expedition of Pedro de Ursua & Lope de Aguirre in search of El Dorado and Omagua in 1560‑1. Hakluyt Society. https://archive.org/details/expeditionofpedr00simo_0
Vázquez, F. (s. XVI/Ed. moderna). Crónica de Lope de Aguirre. Biblioteca Antológica. https://www.biblioteca-antologica.org/es/wp-content/uploads/2018/05/VÁZQUEZ-Crónica-de-Lope-de-Aguirre.pdf
Aguirre, L. de. (1561/2026). Carta de Lope de Aguirre a Felipe II. Wikisource. https://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Lope_de_Aguirre_a_Felipe_II
Contreras, C. (2011). Los marañones y la retórica de la conquista: retórica e ideas políticas en la carta de Lope de Aguirre a Felipe II. Alpha, 33, 201‑214.