Isaac Peral: El inventor del submarino traicionado.
Un marino cartagenero se adelantó al siglo XX… y el sistema lo hundió.
Un marino cartagenero se adelantó al siglo XX… y el sistema lo hundió.
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En 1888, en un arsenal de la bahía de Cádiz, una máquina gris de acero se deslizó al agua entre vítores y recelos. Medía apenas 22 metros, olía a aceite y electricidad, y escondía en sus entrañas algo que ninguna armada del mundo había logrado antes: un submarino torpedero totalmente eléctrico, capaz de navegar y atacar bajo el mar sin ser visto. Su creador era un teniente de navío cartagenero de 37 años, Isaac Peral y Caballero, un marino con alma de científico que estaba a punto de descubrir que en España no bastaba con inventar el futuro.
La suya es la historia de un genio técnico, de un proyecto revolucionario y de una cadena de decisiones políticas que, todavía hoy, muchos interpretan como una traición en toda regla.

El origen del mito.
Isaac Peral nació en Cartagena el 1 de junio de 1851, en una familia muy ligada a la Armada: su padre era suboficial artillero. Gracias a la insistencia de su madre, que elevó una petición directa a Isabel II, obtuvo plaza en la Escuela Naval cuando alcanzó la edad reglamentaria. En 1865 aprobó el examen del Colegio Naval Militar de San Fernando, iniciando una carrera en la marina que lo llevaría a Cuba, a la Tercera Guerra Carlista y a destinos científicos en ultramar.
Como oficial de la Armada destacó por su valentía en combate y por su curiosidad intelectual. Escribió un “Tratado teórico‑práctico sobre huracanes” y participó en levantamientos cartográficos como el del canal de Simanalés en Filipinas, combinando la vida de marino con la del investigador. Pero problemas de salud le apartaron de los grandes cruceros: en 1881 fue destinado como profesor a la nueva Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada en Cádiz.
Ese “retiro” forzado sería decisivo. Libre de campañas, Peral pudo dedicar tiempo a una obsesión que le rondaba desde hacía años: un barco torpedero que atacara sumergido, propulsado por electricidad, invisible para el enemigo hasta el momento del golpe.
El submarino imposible.
El 9 de septiembre de 1885, Isaac Peral presentó al ministro de Marina, almirante Manuel de la Pezuela, su “Proyecto de barco torpedero submarino”. La idea era audaz incluso para una época de experimentos navales: un casco de acero, cerrado, con motores eléctricos alimentados por baterías, dotado de tubo lanzatorpedos y aparatos para mantener una profundidad constante.
Tras informes técnicos favorables y el apoyo de la regente María Cristina, la Armada aprobó la construcción del prototipo en el arsenal de La Carraca, en San Fernando (Cádiz). El submarino, conocido ya simplemente como “el Peral”, tenía 22 metros de eslora, desplazaba 77 toneladas en superficie y 87 en inmersión, y estaba equipado con dos motores eléctricos de 30 caballos de vapor, alimentados por unas 600 baterías de plomo de unos 50 kilos cada una. Podía navegar, según las fuentes, a más de 7 nudos en superficie y alrededor de 3–10 nudos sumergido, con una autonomía cercana a las 300–400 millas.
Su interior era una cápsula de modernidad: luz eléctrica, aparatos de profundidad, purificador de aire, corredera y sirena eléctricas, sistema de puntería y un tubo lanzatorpedos para armas tipo Schwarzkopf. Incorporaba un “aparato de profundidades” que permitía mantener al buque a la cota deseada y corregir el trimado incluso después de lanzar los torpedos, algo radicalmente nuevo en la navegación submarina.
El 8 de septiembre de 1888 el submarino fue botado, entre gran expectación, en aguas de La Carraca; la prensa habló de un “milagro de la técnica” y Peral fue vitoreado como héroe nacional.
Las pruebas que hicieron temblar al mundo.
Se constituyó una Junta de Experiencias de la Marina para evaluar el invento, presidida por altos mandos del departamento marítimo. Las pruebas oficiales comenzaron en marzo de 1889: primero navegación en superficie, verificando que el submarino maniobraba correctamente según las órdenes de su comandante y que hélices y motores respondían con fiabilidad. A pesar de algunas averías corregidas, el buque se comportó bien en la bahía de Cádiz.
El 7 de agosto se realizó la prueba de inmersión en el dique n.º 2 del Arsenal: el Peral se sumergió controladamente y demostró que la dotación podía permanecer segura en el interior, confirmando la eficacia del aparato de profundidades. En los meses siguientes fue aumentando la cota y la duración: el 5 de diciembre de 1889 se sumergió hasta 7,5 metros durante diez minutos, y en junio de 1890 navegó durante una hora entera bajo el agua, manteniendo rumbo y profundidad.
Llegó entonces la prueba decisiva: el lanzamiento de un torpedo en inmersión contra un buque de superficie. El 25 de agosto se disparó con éxito un torpedo de ejercicio; más tarde se organizaron simulacros de ataque contra el crucero “Colón” o “Cristóbal Colón”, en mar abierto. De noche, el Peral consiguió aproximarse sin ser detectado y “torpedear” al crucero, confirmando en la práctica la pesadilla que el invento suponía para cualquier flota de superficie.
De día, sin embargo, fue avistado por el buque objetivo cuando aún estaba a unos 1.000 metros, mientras que el alcance efectivo de sus torpedos de la época era de unos 400. Ese detalle —previsible con la tecnología de torpedos disponible— sería utilizado después como argumento para minimizar el arma submarina.
Aun con fallos menores reconocidos por el propio Peral, las pruebas demostraban algo incomparable para su tiempo: un submarino totalmente eléctrico, capaz de sumergirse, navegar y lanzar torpedos de forma controlada y repetible. Ningún otro prototipo mundial ofrecía entonces semejante grado de funcionalidad; de hecho, no se superaría su nivel hasta una década más tarde, con los diseños mixtos de combustión interna y electricidad de John Philip Holland.
La investigación olvidada y la decisión que lo hundió.
Y, sin embargo, en septiembre de 1890 llegó el mazazo. La Junta de Marina emitió un informe crítico en el que, tras reconocer los avances del invento, sostenía que la velocidad y autonomía del submarino eran inferiores a lo esperado, que el combate diurno había fracasado y que persistían dudas sobre la fiabilidad de los motores.
En un giro inesperado, la conclusión oficial fue que el prototipo “no pasaba de ser una curiosidad técnica sin mayor trascendencia” y se recomendó detener su desarrollo. El nuevo ministro de Marina, ya en el gobierno de Cánovas, ordenó a Peral que entregara al arsenal de La Carraca, bajo inventario, todos los motores y elementos del submarino, quedando el casco vacío arrumbado en un rincón.
Desmoralizado y enfermo, pero consciente de la injusticia, Peral pidió la baja absoluta en la Armada; se le concedió el 1 de enero de 1891. Desde entonces inició una batalla solitaria en la prensa, publicando de su bolsillo un manifiesto en el periódico satírico “El Matute” para denunciar cómo, pese a superar las pruebas, su proyecto había sido cancelado sin razones técnicas de peso.
Mientras tanto, comenzaba a circular la sospecha de que tras la decisión había intereses políticos y presiones internacionales. Algunos autores posteriores han sugerido que el arma submarina inquietaba a potencias navales como Reino Unido, o que se temía una escalada armamentística que España no podría sostener; otros apuntan a rivalidades dentro de la propia Armada y a lobbies partidarios de otros programas navales. No hay pruebas documentales concluyentes de una “venta” del proyecto a terceros, pero la cancelación, pese al éxito de las pruebas, dejó una sensación de traición que se haría más intensa tras el desastre colonial de 1898.
El legado oculto de un genio adelantado.
Fuera de la Marina, Isaac Peral se volcó en el mundo empresarial y tecnológico. Fundó varias compañías ligadas al aprovechamiento de la energía eléctrica, entre ellas la Compañía Termoeléctrica de Manzanares, y siguió innovando en campos como la telegrafía y la iluminación. Pero su salud se deterioró: padecía un carcinoma basocelular (cáncer de piel) en la nariz, por el que viajó a Berlín en mayo de 1895 para ser operado por el prestigioso cirujano Ernst von Bergmann.
La intervención, en principio exitosa, se complicó por una infección en las curas postoperatorias que derivó en meningitis. Isaac Peral murió en Berlín el 22 de mayo de 1895, a los 43 años, recibiendo honores del cuerpo diplomático español antes de que su féretro emprendiera el viaje de vuelta. Fue enterrado primero en la Almudena y, años después, sus restos fueron trasladados a Cartagena, donde hoy descansa junto al submarino Peral, conservado como pieza histórica.
Con el tiempo, el invento fue revalorizado: se reconoció que su submarino no fue un simple prototipo fallido, sino el primer submarino torpedero eléctrico plenamente operativo de la historia. Historiadores navales han afirmado que, de haberse desarrollado en serie, España habría podido contar en 1898 con un arma disuasoria capaz de alterar el equilibrio en la guerra contra Estados Unidos, especialmente en escenarios cerrados como la bahía de Santiago o la bahía de Manila.
Desde 2023, el nuevo submarino S‑81 de la Armada lleva el nombre de “Isaac Peral”, como reconocimiento tardío al marino que se adelantó a su tiempo. Entre mito y realidad, su figura encarna la paradoja de un país capaz de producir un genio técnico… y de darle la espalda cuando su invento cuestiona inercias, intereses y mediocridades.
Bibliografia consultada
Wikiwand / Wikipedia. (s. f.). Isaac Peral. Wikiwand. https://www.wikiwand.com/es/articles/Isaac_Peral
España en la Historia. (2021, 31 de agosto). Botadura del submarino Peral (8 de septiembre de 1888). EspañaEnLaHistoria.org. https://espanaenlahistoria.org/efemerides/botadura-del-submarino-peral-8-de-septiembre-de-1888/
Ramona Escarabajal. (2013, 22 de mayo). Muere Isaac Peral el 22 de mayo de 1895 en Berlín. https://ramonaescarabajal.wordpress.com/2013/05/22/muere-isaac-peral-el-22-de-mayo-de-1895-en-berlin/
El Debate. (2024, 21 de mayo). El invento de Isaac Peral que pudo haber evitado la pérdida de los territorios de ultramar. ElDebate.com. https://www.eldebate.com/historia/20240522/invento-isaac-peral-pudo-haber-evitado-perdida-territorios-ultramar_198800.html