El sanatorio de la Alfaguara: fantasmas entre pinos y tuberculosis.
De refugio antituberculoso de montaña a ruina rodeada de leyendas y psicofonías.
De refugio antituberculoso de montaña a ruina rodeada de leyendas y psicofonías.
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En mitad de un pinar silencioso, a 1.400 metros de altura, se levantan unos muros desnudos que miran hacia Sierra Nevada como si aún esperaran a los enfermos que nunca volverán. Son las ruinas del Sanatorio de la Alfaguara, el antiguo “hospital de Berta”, un centro antituberculoso pionero en Granada que, tras décadas de abandono, se ha convertido en escenario de historias de fantasmas, expediciones de “cazadores de psicofonías” y botellones clandestinos.
Lo que para unos es solo un cascarón de piedra en la Sierra de Huétor, para otros es un lugar marcado por el dolor, la filantropía… y algo más.

El origen del mito.
A comienzos del siglo XX, la tuberculosis era la gran plaga silenciosa de España. Hacinamiento obrero, jornadas extenuantes, mala alimentación y falta de higiene disparaban los contagios: algunos estudios hablan de tasas de 400–500 muertes por cada 100.000 habitantes, una mortalidad superior incluso al cáncer o la sífilis. Frente a esa enfermedad, la medicina prescribía entonces aire puro, sol, reposo y altitud: nacieron así toda una red de sanatorios de montaña, especialmente para niños y enfermos sin recursos.
En Granada, una mujer alemana afincada en la ciudad desde niña decidió tomar cartas en el asunto. Se llamaba Berta Wilhelmi (1858–1934), empresaria, educadora y filántropa que había impulsado las primeras colonias infantiles de la provincia en 1889, la primera escuela mixta y una biblioteca popular en Pinos Genil en 1912, además de otros centros sanitarios antituberculosos. La muerte por tuberculosis de su hermano y, más tarde, la tragedia aérea de su hijo Luis Dávila Ponce de León —ingeniero militar y primer jefe del aeródromo de Armilla, fallecido en 1925 en un accidente de avión— marcaron a fuego su compromiso con esta causa.
En 1919, Berta colaboraba ya con los médicos Alejandro Otero y José Blasco Reta en un pequeño sanatorio instalado en su propia casa de El Purche, en la ladera de Sierra Nevada, a 1.500 metros de altitud. De esa experiencia, y de la constatación de que las infraestructuras sanitarias eran insuficientes frente a la tuberculosis, nació la idea de un proyecto mayor: el Patronato Antituberculoso de la Alfaguara.
Las obras del sanatorio comenzaron hacia 1920 y culminaron con su inauguración en mayo de 1923, en término de Alfacar, en la zona conocida como Haza del Pinar, dentro de la actual Sierra de la Alfaguara, hoy Parque Natural de la Sierra de Huétor. Berta invirtió allí prácticamente todos sus ahorros, levantando un edificio de dos plantas con capacidad para 24 camas —12 para hombres, 12 para mujeres— y muchas plazas financiadas de forma gratuita para enfermos sin recursos.
Hospital de montaña: entre cipreses y Fuente Fría.
El Sanatorio de la Alfaguara se diseñó como un refugio sanitario en plena naturaleza. Se alzó junto a la Fuente Fría, un manantial que aseguraba el agua del recinto y que contó con alberca y bancos de piedra para que enfermos y visitantes descansaran al sol. El acceso se realizaba por una pista de montaña que hoy se toma desde la A‑92, entrando por el Parque Natural de la Sierra de Huétor, pasando el campamento de la Alfaguara; hoy senderistas y geocachers llegan al lugar desde puntos como Los Peñoncillos o el área de Puerto Lobo.
El edificio, conocido popularmente como “hospital de Berta”, combinaba dormitorios, galerías abiertas y un gran porche orientado al sur, donde los tuberculosos pasaban horas al aire libre, envueltos en mantas, tomando el sol y respirando el aire de pinos, encinas y quejigos. Según describe la propia documentación municipal y divulgativa, muchas camas eran “de caridad”, y el equipamiento —desde mobiliario hasta aparatos médicos— se logró gracias a donaciones, incluidas algunas procedentes de la propia Casa Real.
En 1926 se inauguró un pabellón infantil dedicado a la memoria de Luis Dávila, hijo de Berta, ampliando el sanatorio para atender a niños con tuberculosis, especialmente de familias pobres. Ese pabellón, objeto de rehabilitación y homenaje en 2026, forma hoy parte esencial del conjunto patrimonial recordado por el Ayuntamiento de Alfacar y asociaciones locales.
Durante los años veinte y primeros treinta, el sanatorio funcionó como pieza clave en la lucha antituberculosa en Granada: un pequeño bastión sanitario gestionado por una mujer adelantada a su tiempo y por un patronato médico-social que combinaba ciencia, filantropía y pedagogía.

Guerra, frente y abandono.
La Guerra Civil cambió radicalmente el destino del edificio. El sanatorio se encuentra muy cerca de la línea de trincheras y fortines de los Toriles, en el frente del río Bermejo, próximo a Cogollos Vega, una de las zonas calientes del frente de Granada. Durante el conflicto, el hospital fue requisado y utilizado como puesto de mando y acantonamiento por el bando sublevado en la zona, perdiendo su función estrictamente sanitaria.
Berta Wilhelmi, afectada por un derrame cerebral en 1931 que la dejó muy limitada física y mentalmente, falleció el 29 de julio de 1934, antes de ver el desenlace del sanatorio. En la posguerra, el centro funcionó todavía un tiempo bajo la dirección de otra alemana, Helene Bickmann Alterhoff —amiga y colaboradora de Berta— hasta caer progresivamente en desuso y ser abandonado.
El hundimiento del modelo de sanatorio abierto, los cambios en el tratamiento de la tuberculosis y la dificultad de mantener un centro de montaña en un país exhausto por la guerra acabaron sellando su destino. A finales de los cuarenta o comienzos de los cincuenta, el sanatorio de la Alfaguara estaba ya medio derruido, con el tejado caído y la naturaleza reclamando el edificio.
Durante décadas, sus ruinas —marcadas por dos grandes cipreses en la entrada— quedaron en pie, sin vallado ni protección real, mientras el entorno se convertía en un clásico de excursiones familiares, acampadas informales y juegos infantiles en la sierra granadina. Entre pared y pared, comenzaron a crecer historias.
La investigación olvidada y el nacimiento de las leyendas.
Sobre ese escenario de ruina y bosque han germinado varias leyendas urbanas que, como suele ocurrir, mezclan hechos reales con invenciones sin base documental. Una de las más repetidas afirma que Berta Wilhelmi se suicidó en el propio sanatorio, incapaz de soportar la muerte de su hija por tuberculosis, y que su espíritu vaga por los pasillos bajo la forma de una mujer de blanco o de una “monja” que se aparece a excursionistas y curiosos.
Sin embargo, las fuentes históricas son claras: Berta murió en Granada capital en 1934, tras años de invalidez, y no hay constancia de que se quitara la vida en la Alfaguara ni de que tuviera una hija fallecida por tuberculosis; la motivación inicial del sanatorio fue la muerte de su hermano, no de una hija, y el pabellón infantil se dedicó a la memoria de su hijo Luis Dávila, muerto en accidente aéreo. La “Berta suicida del sanatorio” pertenece, por tanto, al campo de la ficción popular y de relatos de misterio sin sustento en archivos.
Otras historias hablan de “fantasmas de niños tuberculosos” que lloran por las noches, de sombras en el porche y de psicofonías inquietantes captadas por grupos de investigación paranormal que acuden con grabadoras y cámaras térmicas. Programas locales y reportajes televisivos han alimentado estas narrativas, mostrando imágenes nocturnas del porche —donde antaño se hacían las curas de aire y sol— como escenario de supuestos poltergeist y apariciones.
En paralelo, foros de excursionismo y redes sociales han mezclado la curiosidad histórica con el gusto por lo macabro: se cuentan anécdotas de jóvenes que pasan la noche en las ruinas como “prueba de valentía”, de botellones a la luz de linternas, de visitantes que aseguran haber oído pasos entre los muretes o haber visto luces extrañas entre los pinos.
Los responsables del Parque Natural Sierra de Huétor han advertido en varias ocasiones del riesgo real —muy poco paranormal— que entraña el estado del edificio: amenaza de derrumbe de muros y porche, caídas y actos vandálicos, motivo por el cual se planteó incluso su demolición parcial. Finalmente, en 2021 se optó por consolidar la estructura que quedaba, proteger la solería hidráulica original y dejar un murete perimetral que marca la planta del viejo sanatorio, integrándolo en un proyecto de conservación forestal y patrimonial.
El legado oculto.
Más allá de los fantasmas de moda, el Sanatorio de la Alfaguara guarda la memoria de una batalla sanitaria y social que marcó a Granada durante décadas. En 2021 y 2026, el Ayuntamiento de Alfacar y entidades locales han impulsado actos de homenaje a Berta Wilhelmi y a su hijo Luis Dávila, señalando el valor histórico del sanatorio y de su pabellón infantil, hoy rehabilitado en parte.
Las rutas de senderismo de la zona —que enlazan el sanatorio con las trincheras de la Guerra Civil y con fuentes como la de la Teja o Fuente Fría— recuerdan que este paisaje fue, a la vez, hospital de tuberculosos, frente de guerra y ahora parque natural protegido. Entre los dos cipreses de entrada, el visitante puede imaginar a los enfermos envueltos en mantas, a los médicos Otero y Blasco Reta tomando notas, a Berta caminando entre camas… antes de que la guerra y el tiempo rompieran el hechizo.
Hoy, las ruinas de la Alfaguara son un espejo donde se superponen varias capas: la ciencia y la filantropía de una pionera alemana, el sufrimiento de los tuberculosos pobres, el eco de la Guerra Civil, los juegos de los niños de postguerra y la fascinación contemporánea por lo paranormal. Entre todos esos estratos, quizá el verdadero “fantasma” que merece ser invocado no es el de una dama blanca, sino el de Berta Wilhelmi: una mujer que, en una España desigual y enferma, decidió levantar un hospital en mitad de un bosque para que los que nada tenían pudieran respirar un poco más.
Bibliografia consultada
Infobae. (2024, 28 de octubre). El sanatorio de tuberculosos en ruinas de Granada que puedes visitar este Halloween. Infobae Viajes. https://www.infobae.com/espana/viajes/2024/10/29/el-sanatorio-de-tuberculosos-en-ruinas-de-granada-que-puedes-visitar-este-halloween/
Wikipedia. (2023). Sanatorio y Dispensario de la Alfaguara. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Sanatorio_y_Dispensario_de_la_Alfaguara
Film in Granada. (2022). Alfacar – Antiguo sanatorio. Filmgranada.com. https://filmgranada.com/localizacion/alfacar-antiguo-sanatorio/
Morales Escobar, D. (2021, 2 de enero). Los secretos de la Sierra de la Alfaguara. Ideal / En Clase. https://en-clase.ideal.es/2021/01/02/daniel-morales-escobar-los-secretos-de-la-sierra-de-la-alfaguara/