Juana la Loca: el cortejo de muerte que forjó una leyenda.
Un ataúd, un amor enfermo y una reina convertida en prisionera de su mito.
Un ataúd, un amor enfermo y una reina convertida en prisionera de su mito.
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En la noche fría de una Castilla sin alumbrado, solo las antorchas rompen la oscuridad. Al otro lado de un puente sobre el Pisuerga, una comitiva fúnebre avanza despacio: frailes, soldados, nobles encapotados… y, en el centro, un féretro rodeado de cirios. Junto a él camina una mujer embarazada, vestida de luto riguroso, que se niega a subir a caballo: es Juana I de Castilla, heredera de los Reyes Católicos, arrastrando por la noche el cadáver de su marido Felipe el Hermoso.
La escena, vivida en Torquemada la Nochebuena de 1506, parecía salida de una pesadilla romántica. Con los años se convertiría en la imagen icónica de “Juana la Loca”: la reina obsesionada que recorre Castilla con el ataúd de su esposo, velándolo en iglesias y campos, huyendo de monasterios femeninos y hablando con un cuerpo que se descompone. Pero ¿qué hay de verdad en esa procesión nocturna? ¿Quién estaba realmente loco en esta historia: la reina… o quienes escribieron sobre ella?

El origen del mito.
Juana nació en 1479, tercera hija de los Reyes Católicos, y se convirtió en heredera de Castilla y Aragón tras la muerte prematura de su hermano Juan y de su hermana Isabel de Aragón. En 1496 fue enviada a Flandes para casarse con el archiduque Felipe de Habsburgo, apodado el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano, en una operación que sellaba la alianza hispano‑austríaca.
Los cronistas coinciden en que, al principio, Juana y Felipe vivieron un matrimonio intenso: en siete años tuvieron seis hijos —entre ellos el futuro Carlos I y la futura reina Catalina de Portugal— y Juana no mostró señales de “locura” más allá de celos razonables ante las constantes infidelidades de su marido. La narrativa de la desequilibrada aparece sobre todo después de 1504, cuando muere Isabel la Católica y Juana se convierte en reina propietaria de Castilla, chocando sus intereses con los de su marido y su padre, Fernando el Católico.
Felipe el Hermoso desembarca en España en 1506 dispuesto a hacerse con el poder efectivo en Castilla, apoyado por una parte de la nobleza que recela de Fernando. Consigue que las Cortes de Valladolid le reconozcan como rey “jure uxoris”, pero en septiembre de ese mismo año muere de forma súbita en Burgos, con solo 28 años, tras una breve enfermedad. La versión popular —que bebió agua fría después de jugar a la pelota— pronto fue contestada por rumores de envenenamiento, que algunos historiadores modernos relacionan con la Corte de Fernando, interesado en recuperar la regencia.
La muerte de Felipe deja a Juana embarazada de su sexta hija, políticamente rodeada y emocionalmente devastada. El testamento del archiduque ordenaba que su corazón fuese llevado a Flandes y su cuerpo enterrado en Granada, junto a la reina Isabel. Juana decide cumplir esa última voluntad… y ahí comienza el viaje que la historia convertirá en leyenda
La procesión nocturna: hechos y exageraciones.
Tras la muerte de Felipe el 25 de septiembre de 1506, su cuerpo es embalsamado y velado en la Casa del Cordón de Burgos; la ciudad celebra solemnes funerales en la catedral, mientras su corazón se envía a Flandes para ser enterrado junto a su madre, María de Borgoña. Inicialmente, el cadáver queda depositado en la Cartuja de Miraflores, a las afueras, donde los monjes cartujos lo custodian.
En las navidades de 1506, Juana llega al cenobio decidido a levantar el cadáver y emprender el viaje hacia Granada, “la joya de la Reconquista” y panteón de sus padres. Contra la opinión de los religiosos, ordena abrir de nuevo el féretro —los testigos dirán luego que el rostro, envuelto en vendas y cal, parecía “de yeso”— y organiza un cortejo fúnebre que abandona la Cartuja el 20 de diciembre.
Esa primera etapa la lleva hasta Torquemada (Palencia), donde la comitiva entra de noche el 24 de diciembre, Nochebuena, entre antorchas, cantos y el asombro de los vecinos. Juana, visiblemente embarazada, insiste en caminar junto al féretro, envuelta en luto riguroso. En Torquemada decide detenerse: allí, el 14 de enero de 1507, da a luz a su hija Catalina de Austria, la “Torquemadina”, futura reina de Portugal.
Después del parto, Juana permanece semanas en el pueblo; el viaje fúnebre se reanuda más tarde, pero con avances y retrocesos, lejos de la imagen de una marcha continua y loca hacia ninguna parte. En un desplazamiento hacia Hornillos de Cerrato, la reina obliga a sacar el féretro de un convento al descubrir que es un monasterio de monjas, y ordena velarlo al aire libre, temerosa —según la versión tradicional— de que otras mujeres se acerquen al cadáver de su marido. Allí permanecerá meses: en Hornillos, el cuerpo se deposita en el altar mayor de San Miguel, y las antorchas que lo iluminan provocan un incendio en la iglesia en julio de 1507, costeando la Corona los daños.
El cortejo retrocede incluso en su ruta: de Hornillos vuelven hacia Burgos y se detienen en Tórtoles de Esgueva, donde Juana tiene previsto reunirse con su padre, Fernando, en septiembre de 1507. Finalmente, el rey aragonés consigue atraerse a su hija hasta la zona de Arcos —cerca de Burgos—, pero Juana, reacia a entrar en la ciudad donde murió Felipe, se instala en el campo con el féretro sin enterrar, resistiéndose a tomar decisiones políticas.
En 1509, viendo que Castilla corre el riesgo de fracturarse en bandos en torno a la reina y a su nieto Carlos, Fernando decide recluir a Juana en el palacio‑cárcel de Tordesillas. El cuerpo de Felipe no irá a Granada: se deposita, no enterrado, en el convento de Santa Clara de la misma villa, donde permanece hasta 1525, cuando Carlos I lo traslada por fin a la Capilla Real de Granada.
La leyenda romántica —una reina errante que recorre Castilla durante años con el cadáver de su marido, deteniéndose solo de noche, negándose a dormir en conventos por celos, abriendo el ataúd una y otra vez— exagera episodios reales (Torquemada, Hornillos, Tórtoles) y condensa en un relato continuo lo que, en realidad, fue una sucesión de marchas, paradas largas y maniobras políticas.
La investigación olvidada: locura, amor y poder.
Durante siglos, la historiografía —y luego el cine— se quedaron con la versión más novelesca: Juana, consumida por una pasión enfermiza, pierde la razón y vaga con el cuerpo de Felipe hasta que su padre y luego su hijo se ven obligados a encerrarla “por su bien” y el de la monarquía. La película Juana la Loca (2001) no hizo sino reforzar ese cliché melodramático.
Sin embargo, investigaciones recientes matizan profundamente ese retrato. Historiadoras como Bethany Aram y reportajes de National Geographic recuerdan que no hay pruebas de desequilibrios graves en Juana durante su estancia en Flandes, y que el discurso de la “locura” gana fuerza solo cuando su legitimidad como reina choca con los intereses de Felipe, de Fernando y, más tarde, de su hijo Carlos. La propia crónica de la ruta fúnebre muestra decisiones que, lejos de ser caprichos delirantes, tienen lógica política y emocional: alejarse de Burgos, donde murió Felipe; retrasar su sometimiento al padre; mantener cerca, simbólicamente, el cuerpo del rey consorte cuya memoria podía legitimar a sus hijos.
El encierro en Tordesillas, decretado por Fernando en 1509 y mantenido luego por Carlos I hasta la muerte de Juana en 1555, sirvió ante todo para neutralizar a una reina propietaria que, aunque pasiva y abatida, seguía siendo la única titular legítima del trono castellano. La “locura” era una coartada perfecta: permitía gobernar en su nombre y deslegitimar cualquier intento de nobles o comuneros de usarla como bandera contra el poder establecido.
Los testimonios de su cautiverio hablan más de depresión, melancolía extrema, conductas obsesivas y deterioro físico que de alucinaciones demoníacas: Juana a veces dejaba de comer, se negaba a asearse, dormía en el suelo, pasaba horas en silencio en habitaciones sin luz… cuadros que hoy algunos especialistas vinculan a trastornos afectivos agravados por décadas de encierro y duelo no resuelto.
Incluso episodios como su negativa a dormir en conventos de monjas durante el traslado del cadáver de Felipe, que la leyenda atribuye a celos patológicos —no soportar que otras mujeres estuvieran cerca del cuerpo de su marido—, han sido reinterpretados: algunos historiadores señalan que Juana temía más bien que sus propios soldados abusaran de las monjas, prefiriendo pernoctar al raso antes que provocar un escándalo.

El legado oculto.
Hoy, Juana descansa finalmente junto a Felipe en la Capilla Real de Granada, en un magnífico sepulcro renacentista de mármol de Carrara esculpido por Bartolomé Ordóñez, frente a las tumbas de sus padres, los Reyes Católicos. Sobre el sarcófago, las figuras yacentes muestran a una reina vestida a la moda borgoñona, cetro en las manos, y a un rey con armadura y el Toisón de Oro, como si aún compartieran el mismo lecho de poder y muerte.
La ruta nocturna con el cadáver de Felipe forma parte ya de la memoria de lugares como Torquemada, Hornillos y Tórtoles, donde se organizan rutas históricas, recreaciones y visitas a las iglesias que acogieron —o se negaron a acoger— aquel féretro incómodo. Pero cada vez más, esas actividades se plantean no como un desfile de locura romántica, sino como una oportunidad para revisar el mito y devolver a Juana algo de la dignidad política que le fue robada.
La obsesión de Juana por el cadáver de Felipe, exagerada y explotada por cronistas y gobernantes, sirvió para justificar su clausura y para convertirla en personaje trágico, “la loca”, antes que en reina legítima. Detrás de las antorchas y los ataúdes, lo que se oculta es una lucha brutal por el poder, en la que una mujer que amó demasiado fue también víctima de un relato escrito por hombres que necesitaban apartarla del trono.
Bibliografia consultada
RTVE. (2022, 15 de julio). ¿De qué murió Felipe “el Hermoso”? El entierro duró 19 años. RTVE.es. https://www.rtve.es/television/20220716/felipe-hermoso-murio-juana-loca-agua-fria-veneno-entierro-ataud/2388905.shtml
Wikipedia. (s. f.). Juana I de Castilla. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Juana_I_de_Castilla
Consejería de Cultura de Castilla‑La Mancha. (2023, 21 de junio). Catalina de Austria, de compañera de cautiverio en Tordesillas a reina de Portugal. CulturaenredCLM. https://cultura.castillalamancha.es/culturaenredclm/catalina-de-austria-de-companera-de-cautiverio-en-tordesillas-reina-de-portugal
Finca El Cercado. (2023, 10 de junio). Catalina de Austria, la hija que Juana la Loca tuvo en Torquemada, “cumple” 509 años. https://www.fincaelcercado.com/blog/catalina-de-austria-la-hija-que-juana-la-loca-tuvo-en-torquemada-cumple-509-anos/