San Borondón: la isla fantasma que engaña al Atlántico.

Una tierra que aparece y desaparece frente a Canarias desde hace mil años.

4 de junio de 2026 Lectura: 9 min

Una tierra que aparece y desaparece frente a Canarias desde hace mil años.

Frente al horizonte occidental de Canarias, más allá de El Hierro y La Palma, los marineros aseguran haber visto durante siglos una masa oscura que surge entre la calima y las nubes, toma forma de isla… y se desvanece. La llaman San Borondón, la “isla perdida”, la “Encubierta”, una tierra esquiva que, según unos, es un espejismo y, según otros, una auténtica isla que se oculta a nuestros ojos.

Su silueta ha aparecido en mapas medievales, en tratados internacionales y en informes de ingenieros reales, y ha provocado expediciones oficiales en busca de una tierra que nunca se dejó atrapar. Para entender qué hay detrás de este misterio del Atlántico, hay que viajar a la Irlanda monástica de la Alta Edad Media… y a la imaginación de los cartógrafos.

Isla legendaria de San Borondón
Isla legendaria de San Borondón

El origen del mito.

El nombre de San Borondón es una adaptación canaria de San Brandán de Clonfert (o Brandán, Brandánus), un monje irlandés del siglo VI famoso por sus supuestos viajes oceánicos en busca del Paraíso Terrenal. Su periplo se relata en la Navigatio Sancti Brendani Abbatis, un texto latino compuesto hacia los siglos IX–XI y muy difundido en la Europa cristiana, que cuenta cómo Brandán y catorce o diecisiete monjes partieron el 22 de marzo de 516 en una pequeña embarcación de cuero para buscar la “Tierra Prometida de los Santos”, más allá del océano conocido.

Durante siete años, según la Navigatio, los monjes recorren mares llenos de islas extrañas, criaturas marinas y prodigios teológicos, hasta llegar a un lugar de verdes praderas y luz eterna identificado con el Paraíso. Una de las escenas más famosas del relato narra cómo celebran la misa de Pascua en una isla desprovista de vegetación; cuando encienden una hoguera, la “isla” comienza a moverse: en realidad es Jasconius, una ballena gigantesca que se sumerge en el océano, dejando a los monjes horrorizados. Esa “isla que despierta y desaparece” es el embrión simbólico de la futura isla errante de San Brandán, que aparece y se esconde en el Atlántico.

Con el paso de los siglos, el viaje de Brandán se mezcló con tradiciones celtas sobre islas encantadas y con noticias difusas de tierras occidentales, de forma que muchos lectores medievales lo consideraron un relato con una base geográfica real, no solo alegórica. A partir del siglo X, cartógrafos europeos comienzan a plasmar en sus mapas una “insula Sancti Brandani” en el Atlántico, al oeste de Irlanda o de las islas Afortunadas, como si fuera un territorio tan real como Madeira o Canarias.

San Borondón llega a Canarias.

Cuando los europeos redescubren las Canarias en los siglos XIV y XV, el mito de San Brandán ya circula por portulanos y crónicas. No extraña que, al observar las siluetas cambiantes de las islas occidentales entre brumas y espejismos, los navegantes empiecen a identificar una de esas “tierras que aparecen y desaparecen” con la legendaria isla de Brandán.

En Canarias, la leyenda se adapta a la idiosincrasia local: San Brandán se convierte en San Borondón, y la isla se transforma en una “novena” o “octava” isla canaria que surge cerca de El Hierro o de La Palma, visible como una mancha oscura entre el mar de nubes desde Tenerife, La Gomera o La Palma. Los nombres que recibe hablan de su carácter esquivo: la Inaccesible, la Non Trubada (“no encontrada”), la Encubierta, la Encantada, la Perdida.

La primera mención clara de San Borondón vinculada a Canarias aparece en textos del siglo IX–X relativos a los viajes de Brandán, pero su presencia se consolida en la cartografía a partir del siglo XIV, cuando algunos mapamundis sitúan la “isla de San Brandán” en el Atlántico medio. En el Tratado de Alcazovas-Toledo de 1479, que repartía el Atlántico entre Castilla y Portugal, se hace referencia a “las islas ya descubiertas y por descubrir” del área canaria, y en la tradición canaria se suele citar a San Borondón como una de esas islas potenciales amparadas por el tratado.

Durante los siglos XVI y XVII, la creencia en su existencia es tan fuerte que algunos documentos la mencionan como parte del archipiélago canario, y numerosos marineros afirman haberla visto, describiéndola como una tierra grande, montañosa y cubierta de nubes, que un día está y al siguiente ha desaparecido.

Expediciones reales a una isla que se escapa.

La leyenda de San Borondón no se quedó en anécdota popular: llegó a las altas esferas de la Monarquía Hispánica. En los siglos XVI, XVII y XVIII, la Corona española llegó a organizar varias expediciones para intentar localizar y tomar posesión de la esquiva isla, ante las reiteradas afirmaciones de testigos que decían haberla visto claramente al oeste de El Hierro o entre El Hierro y La Palma.

Leonardo Torriani, ingeniero italiano enviado por Felipe II para fortificar las islas a finales del siglo XVI, recogió por escrito testimonios de marinos que aseguraban haber arribado fortuitamente a San Borondón y describió sus supuestas dimensiones y localización, aportándolos como “prueba” de su existencia. La Enciclopedia Guanche recuerda que Torriani se refirió a ella con total naturalidad, como una isla más, aunque reconocía la dificultad de fijar su posición.

En algunos mapas de la época, como cartas náuticas y atlas europeos, se dibuja una gran isla al oeste de Canarias etiquetada como “San Brandán” o “San Borondón”, a menudo con notas que advierten de su aparición y desaparición. La leyenda se globaliza incluso más allá del archipiélago: en 1520, durante la expedición de Magallanes, los cronistas dan el nombre de Bahía de Samborombón (en el Río de la Plata) a una amplia ensenada argentina, creyendo que se había formado por el desprendimiento de la isla de San Borondón del continente americano.

Pese a las expediciones y a los mapas, la isla nunca se dejó cartografiar de forma precisa ni se tomó formalmente posesión de ella: cada “avistamiento” parecía desmentirse al cabo de poco tiempo, como si la tierra misma jugara al escondite con los marinos.

La investigación olvidada: ciencia frente a leyenda.

Con la llegada de la oceanografía moderna, la cartografía precisa y, más tarde, la observación por satélite, el margen para una isla real al oeste de Canarias se redujo prácticamente a cero. No hay registros batimétricos de una masa emergida en las coordenadas tradicionales de San Borondón, ni restos de un macizo volcánico hundido reciente que explique su desaparición física.

¿Cómo se explica, entonces, que tantos marineros y campesinos de Tenerife, La Gomera o La Palma dijeran verla durante siglos? La explicación más aceptada hoy es óptica: un espejismo superior o “fata morgana” sobre la superficie del mar. Este fenómeno, producido por capas de aire a diferentes temperaturas que refractan la luz, puede proyectar a gran distancia imágenes deformadas de objetos reales —como la isla de La Palma—, haciéndolos aparecer más altos, más cercanos o flotando sobre el horizonte.

En determinadas condiciones de inversión térmica, La Palma o incluso El Hierro pueden “duplicarse” y verse como una masa oscura extra en un punto del horizonte donde normalmente no se las percibe, generando la ilusión de una isla distinta que aparece y desaparece con los cambios de temperatura y humedad. La topografía abrupta y alta de La Palma, sumada al mar de nubes característico de los alisios, favorece estos espejismos que, en ojos sin explicación física disponible, se interpretan como una tierra encantada.

Esta lectura científica no invalida la fuerza del mito: al contrario, ayuda a entender cómo un fenómeno natural impresionante pudo convertirse en una de las leyendas más persistentes de la mar atlántica.

Mapa histórico que ubica la mítica isla de San Borondón
Mapa histórico que ubica la mítica isla de San Borondón

El legado oculto.

San Borondón sigue muy viva en la cultura canaria. Aparece en cuentos populares, poesías, canciones, escudos heráldicos y hasta en marcas comerciales que se apropian de su aura de misterio. Algunos relatos sitúan en ella un paraíso de vegetación exuberante y frutos gigantes; otros, en línea con la tradición de Brandán, la describen como una isla-pez o una tierra que solo se deja ver a los elegidos.

En los últimos años, programas de televisión, documentales y rutas turísticas han vuelto a popularizar la historia, presentando a San Borondón como “la octava isla” que se deja intuir desde las cumbres de La Palma o Tenerife en las tardes claras de calima. Asociaciones culturales y blogs históricos, como Todo a Babor o Folios de Historias, han recuperado las fuentes medievales y los informes de Torriani para contar cómo una leyenda irlandesa terminó echando raíces en el Atlántico hispano.

Y sin embargo, pese a mapas, expediciones y explicaciones ópticas, la pregunta persiste: ¿y si, en algún momento remoto, existió realmente una isla volcánica al oeste de Canarias que luego colapsó o se hundió? La geología actual no lo respalda, pero la fuerza de los relatos hace que el Atlántico, frente a las islas, siga mirándose con otros ojos cada vez que el horizonte dibuja una sombra inesperada.

Quizá el verdadero misterio de San Borondón no sea si existe como tierra firme, sino cómo una combinación de textos monásticos del siglo IX, espejismos marinos y necesidades políticas de la Monarquía Hispánica logró crear una isla tan sólida en la imaginación como cualquier roca emergida. Una isla que, en el plano de las leyendas, nunca se ha hundido.

Epoca: Origen literario: Alta Edad Media (siglos IX–XI, Navigatio Sancti Brendani); máxima difusión atlántica: siglos XV–XVIII (Era de los Descubrimientos y Monarquía Hispánica)
Localizacion: Océano Atlántico nororiental, al oeste del archipiélago canario (entre La Palma y El Hierro según la tradición); ámbito cultural de las Islas Canarias (España) e Irlanda (origen de San Brandán); mención lejana en la Bahía de Samborombón (provincia de Buenos Aires, Argentina) por la expedición de Magallanes.
Personajes: San Brandán de Clonfert (San Borondón), Leonardo Torriani, Felipe II, Fernão de Magalhães (Magallanes), Barinto (monje de la Navigatio)

Bibliografia consultada

Gobierno de Canarias. (2023). Leyenda de San Borondón. CanariWiki. https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/wiki/index.php?title=Leyenda_de_San_Borond%C3%B3n

Wikipedia. (s. f.). Isla de San Borondón y Isla de San Brandán. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Isla_de_San_Borond%C3%B3n ; https://es.wikipedia.org/wiki/Isla_de_San_Brand%C3%A1n

Todo a Babor. (2025, 26 de marzo). El misterio de la isla fantasma de San Borondón. https://www.todoababor.es/historia/el-misterio-de-la-isla-fantasma-de-san-borondon/

Enciclopedia Guanche. (s. f.). Isla de San Borondón. Guanches.org. https://www.guanches.org/Isla_de_San_Borond%C3%B3n

Marca Canaria. (2022, 1 de marzo). La leyenda canaria de San Borondón. Marcacanaria.com. https://marcacanaria.com/la-leyenda-canaria-de-san-borondon%EF%BF%BC