Los túneles ocultos: el Madrid subterráneo del siglo XIX.

Galerías de agua, pasadizos reales y vías de hierro bajo la capital.

3 de julio de 2026 Lectura: 10 min

Galerías de agua, pasadizos reales y vías de hierro bajo la capital.

Bajo las calles y plazas que Galdós convirtió en escenario de sus novelas, el Madrid del siglo XIX empezó a horadar su propio subsuelo. Mientras en la superficie se derribaban murallas y se trazaba el Ensanche, debajo se excavaban galerías de agua, colectores de alcantarillado, túneles ferroviarios y pasadizos que conectaban palacios, conventos y estaciones.

De día, era la capital de un reino en permanente crisis; de noche, se convertía en una ciudad con otra ciudad debajo: arcos de ladrillo por donde corría el agua, bóvedas oscuras que evitaban impuestos, refugios improvisados antes de ser refugios oficiales, y pasillos reservados a quienes tenían suficiente poder para no mezclarse con la multitud.

Representación de los túneles del Madrid del Siglo XIX que conectaban palacios y otros edificios históricos.
Representación de los túneles del Madrid del Siglo XIX que conectaban palacios y otros edificios históricos.

El origen del mito.

Los túneles de Madrid no nacen en el XIX, pero es en ese siglo cuando se multiplican y adquieren la escala de un auténtico entramado subterráneo moderno. Desde época medieval, la ciudad se había abastecido con los viajes de agua: galerías subterráneas levemente inclinadas, herederas de técnicas islámicas, que captaban las aguas subálveas y las llevaban por gravedad hasta fuentes, conventos y palacios. Estos viajes —Amaniel, Alcubilla, Abroñigal Alto y Bajo, Fuente Castellana— siguieron funcionando hasta bien entrado el XIX, cuando empezaron a ser sustituidos por las conducciones a presión del Canal de Isabel II.

En 1848 los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera presentaron una “Memoria sobre la conducción de aguas a Madrid” que proponía traer agua desde la cabecera del río Lozoya a lo largo de unos 70 kilómetros de tuberías y galerías. El proyecto fue aprobado el 6 de marzo de 1849 por el presidente del Consejo de Ministros, Juan Bravo Murillo, y se convirtió en el punto de partida de las grandes obras hidráulicas de la ciudad: depósitos, acueductos y galerías subterráneas que, ya en la segunda mitad del siglo, llevarían agua potable a los nuevos barrios del Ensanche.

En paralelo, el viejo sistema de cloacas a cielo abierto y albañales empezó a transformarse. Bajo el reinado de Isabel II, y especialmente a partir de 1851 con la puesta en marcha del Canal de Isabel II, se construyeron hasta 1864 quince grandes colectores de aguas negras que sentaron las bases de la red de alcantarillado moderna de Madrid. La ciudad dejaba de lanzar su suciedad a las calles y a un Manzanares saturado, y comenzaba a enterrarla en una red de túneles que recorrían en secreto el nuevo plano de la capital.

Al mismo tiempo, el ferrocarril llegaba al corazón de la villa. La línea de contorno que unía las estaciones del Norte (hoy Príncipe Pío) y Atocha se construyó en la década de 1860, y su tramo entre el Paseo de las Delicias y Príncipe Pío discurriría, con las reformas posteriores, en gran parte en túnel bajo el Campo del Moro, el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia. Por primera vez, trenes de vapor atravesaban el subsuelo de Madrid, conectando barrios y mercancías a través de galerías excavadas bajo los jardines reales.

Sobre ese tejido funcional se superponían otros túneles más discretos: pasadizos reales, bodegas excavadas desde el siglo XVII y reutilizadas en el XIX para contrabando, y comunicaciones secretas entre casas nobles y templos. Todo ello alimentaría el mito de un “Madrid de abajo” que, como una sombra, duplicaba la ciudad de arriba.

Las entrañas de agua: viajes y Canal de Isabel II.

Los viajes de agua son quizá la forma más antigua de túnel madrileño, y en el XIX convivieron durante décadas con las nuevas conducciones del Canal. El viaje de Amaniel, por ejemplo, discurre durante unos seis kilómetros bajo el actual distrito de Moncloa‑Aravaca: una galería de ladrillo y piedra que filtra el agua de las primeras capas del subsuelo gracias al sedimento arcilloso y la conduce por un pequeño canal excavado hasta un “arca” o depósito de almacenamiento. Desde allí, el agua se distribuía a la ciudad y, muy especialmente, al Palacio Real, al que abastecía desde el siglo XVII hasta principios del XX.

Durante los siglos XVII al XIX, decenas de viajes subterráneos surcaron el subsuelo de Madrid, con cinco grandes protagonistas: Alcubilla, Abroñigal Alto, Abroñigal Bajo, Fuente Castellana (de uso público) y Amaniel (reservado a Palacio). La llegada del Canal de Isabel II, cuyo proyecto de 1848–1849 planteaba una gran conducción enterrada desde el Lozoya, supuso el principio del fin de estos túneles silenciosos: muchos fueron abandonados, cegados o reaprovechados como parte de la nueva red.

La coexistencia de ambos sistemas convirtió el Madrid decimonónico en un queso gruyère hidráulico: por un lado, viejas galerías de captación excavadas a mano; por otro, grandes tuberías y colectores más amplios, de fábrica de ladrillo, que respondían a la demanda de una ciudad en expansión. Hoy, tramos como el del viaje de Amaniel han sido restaurados y pueden visitarse, recordando que bajo las avenidas modernas aún discurre la memoria de aquellas primeras obras subterráneas.

Pasadizos reales y túneles de poder.

Si el agua justificaba excavaciones discretas, el poder las multiplicó. Desde la época de los Austrias, el entorno del Alcázar —antecesor del Palacio Real— y de los conventos reales fue horadado por galerías que permitían a la familia real desplazarse sin pisar la calle. El llamado “pasadizo de la Encarnación”, que figura ya en el plano de Texeira del siglo XVII, arrancaba de las cocinas del viejo Alcázar y conectaba con el monasterio de la Encarnación para que reinas y príncipes asistieran a oficios religiosos de forma reservada.

En el siglo XIX, con la construcción del nuevo Palacio Real borbónico ya consolidada, esos pasadizos siguieron formando parte del paisaje secreto de la corte, mientras se añadían otros. Medios como La Razón y El Español han recopilado la lista de túneles conocidos: conexiones subterráneas entre Palacio y la Encarnación, entre Palacio y el Teatro Real —abriéndose directamente al palco real— y entre residencias nobiliarias como la Casa de los Vargas y la Capilla del Obispo, prolongándose bajo la plaza de la Paja hacia niveles aún inexplorados.

Uno de los proyectos más significativos de esta época fue el llamado túnel de Villanueva: en 1809, José Bonaparte ordenó al arquitecto Juan de Villanueva construir un pasadizo subterráneo que uniera el Palacio Real con la Casa de Campo como refugio y vía de escape casi clandestina. Aunque su origen es napoleónico, su vida útil se prolongó durante todo el siglo XIX, convirtiéndose en una pieza clave del Madrid subterráneo ligado a la monarquía. La prensa actual recuerda incluso la leyenda de que, ya en 1931, Alfonso XIII habría utilizado uno de estos pasadizos para abandonar discretamente el Palacio rumbo al exilio, cerrando así el ciclo simbólico de los túneles de la corona.

Mientras tanto, otras galerías se excavaban lejos de Palacio por motivos menos solemnes. Bajo el centro de Madrid, antiguas bodegas de vino del siglo XVII fueron reutilizadas durante el XIX como almacenes, refugios de contrabando y depósitos fiscales. La llamada “Bodega de los Secretos”, conservada hoy como restaurante, es un ejemplo: un complejo subterráneo de bóvedas y túneles que, según la historia del inmueble, habría servido para introducir vino en la ciudad burlando la sisa, el impuesto que gravaba la entrada de mercancías para la venta. En su restauración moderna se documentaron varios pasadizos clandestinos que conectaban con otras dependencias, confirmando que también el fisco ayudó a perforar el subsuelo.

Hierro y hollín bajo tierra: los túneles del ferrocarril.

La revolución industrial añadió una nueva capa al Madrid subterráneo: la del ferrocarril. La “línea de contorno” que debía enlazar las dos grandes estaciones madrileñas —la del Norte, junto al Manzanares, y Atocha, hacia el sur— fue encargada a la Sociedad de Crédito Mobiliario Español en 1861, con un trazado de unos ocho kilómetros, buena parte de ellos en túnel.

Los primeros proyectos preveían un recorrido en superficie bordeando el Campo del Moro, pero la necesidad de integrar el ferrocarril en una ciudad en crecimiento llevó a excavar bajo los jardines del Palacio, el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, construyendo túneles de vía única de acceso y salida a Príncipe Pío que se unían en un túnel de vía doble. El resultado fue que, a partir de 1863, locomotoras humeantes cruzaban en penumbra bajo los mismos terrenos por los que, unos metros más arriba, paseaban aristócratas y se celebraban fiestas reales.

Estos túneles ferroviarios, junto con los posteriores del llamado Pasillo Verde, consolidaron la imagen de un Madrid con “dos niveles”: una ciudad visible y otra oculta donde circulaban agua, trenes y mercancías lejos de las miradas.

El legado oculto.

El Madrid del siglo XIX fue, en buena parte, construido desde abajo: viajes de agua, colectores de alcantarillado, pasadizos reales, bodegas de contrabando y túneles ferroviarios dibujaron una geografía subterránea que hoy solo se adivina en visitas guiadas, planos históricos y leyendas urbanas.

Parte de ese legado ha salido a la luz: el viaje de Amaniel se puede recorrer en el Paseo Juan XXIII, convertido en espacio didáctico sobre la antigua red de agua; el túnel de Villanueva, restaurado, se abre ocasionalmente al público como refugio histórico entre Palacio y Casa de Campo; bodegas como la de los Secretos recuerdan, entre platos, su pasado de galerías anónimas. Otros pasadizos, en cambio, siguen cerrados o solo se intuyen en relatos: conexiones selladas entre palacios, túneles sin explorar bajo la plaza de la Paja o bajo los teatros centenarios.

En el imaginario madrileño, esos túneles se han mezclado con capas posteriores —refugios de la Guerra Civil, estaciones fantasma de metro, búnkeres— hasta crear la sensación de que bajo la Gran Vía y el viejo casco se extiende una ciudad paralela de ocho pisos de profundidad. Pero la base de todo ese mito está en el XIX, cuando la capital de un país en transición decidió modernizarse a golpe de pico, ladrillo y oscuridad, enterrando sus aguas sucias, escondiendo sus tuberías y abriendo caminos secretos para el agua, el hierro y el poder.

Superficie e infraestructuras subterráneas del Madrid del S. XIX.
Superficie e infraestructuras subterráneas del Madrid del S. XIX.
Epoca: Siglo XIX, especialmente 1848–1875 (proyecto de traída de aguas, Canal de Isabel II, red de alcantarillado, línea de contorno ferroviaria y consolidación del Ensanche de Madrid)
Localizacion: Madrid (España): subsuelo del centro histórico y del Ensanche; entorno del Palacio Real, Campo del Moro y Casa de Campo (túnel de Villanueva y contorno ferroviario); distrito Moncloa‑Aravaca, Paseo Juan XXIII (viaje de Amaniel); ejes Delicias–Príncipe Pío (túneles ferroviarios); zonas de la plaza de la Paja, Casa de los Vargas y Capilla del Obispo (pasadizos nobles); área del Canal de Isabel II y principales viajes de agua (Alcubilla, Abroñigal, Fuente Castellana).
Personajes: Juan Bravo Murillo, Juan Rafo, Juan de Ribera, Juan de Villanueva, José Bonaparte

Bibliografia consultada

Comunidad de Madrid. (2004). Memoria sobre la conducción de aguas a Madrid (1848). Madrid: Comunidad de Madrid. https://www.comunidad.madrid/publicacion/ref/08678

Serbis. (2023). 150 años de saneamiento en Madrid. Blog de Serbis. https://www.serbis.es

Wikipedia. (2017). Viajes de agua en el Madrid histórico. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Viajes_de_agua_en_el_Madrid_hist%C3%B3rico

20Minutos. (2024, 22 agosto). En el interior del “Canal de Isabel II” del siglo XVII: el Viaje de Agua de Amaniel. https://www.20minutos.es

El Español. (2023, 22 julio). Túneles secretos en Madrid: ocho increíbles pasadizos bajo tierra. https://www.elespanol.com

La Razón. (2024, 2 abril). Estos son los túneles y pasadizos secretos del Palacio Real de Madrid. https://www.larazon.es

Spanish Railway / Pasillo Verde. (2024). Contorno de Madrid: línea del contorno entre Príncipe Pío y Atocha. https://www.spanishrailway.com