La condesa espía: secretos de guerra en los salones de Madrid.

De modelo anónima en Nueva York a sombra de la OSS en la España de Franco.

1 de junio de 2026 Lectura: 9 min

De modelo anónima en Nueva York a sombra de la OSS en la España de Franco.

En los salones dorados de la alta sociedad madrileña de los años cuarenta, una mujer alta, pelirroja y siempre impecablemente vestida parecía encajar a la perfección entre condesas, ministros y diplomáticos. Brindaba con champán en el Ritz, acudía a cacerías en fincas extremeñas, hacía de musa de Balenciaga y posaba en fotografías junto a miembros de la realeza europea. Pero en su bolso, junto al espejo y el lápiz de labios, llevaba un revólver; y detrás de su sonrisa se escondía otro nombre: “Tigre”.

Se llamaba Aline Griffith Dexter, más tarde condesa de Romanones, y aseguraba haber sido una de las agentes secretas estadounidenses destinadas a vigilar la red nazi en la España de Franco y, después, a mantener abiertos los ojos de la CIA en plena Guerra Fría. Entre archivos oficiales, memorias glamurizadas y acusaciones de exagerar su propia leyenda, su vida sigue moviéndose en la frontera exacta entre la historia y la novela de espías.

Espía Americana - La condesa de Romanones.
Espía Americana – La condesa de Romanones.

El origen del mito.

María Aline Griffith Dexter nació el 22 o 23 de mayo de 1923 en Pearl River, un pequeño pueblo del estado de Nueva York, en el seno de una familia católica de clase media acomodada. Era una de seis hermanos, estudió Literatura, Historia y Periodismo, y antes de la guerra trabajó como modelo para la casa de moda Hattie Carnegie en Manhattan, frecuentando el ambiente sofisticado de la Quinta Avenida.

En 1943, con Estados Unidos ya inmerso en la Segunda Guerra Mundial, fue reclutada por la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el servicio de inteligencia creado por Washington que sería el germen de la futura CIA. Según el propio dossier del U.S. Army Intelligence Hall of Fame, Aline abandonó la universidad para trabajar como cifradora y, tras un periodo de entrenamiento, fue enviada a España para apoyar las operaciones previas a la invasión aliada del sur de Francia.

Madrid, oficialmente neutral pero llena de espías alemanes, británicos, soviéticos y norteamericanos, era entonces uno de los grandes tableros de la guerra secreta en Europa. La OSS necesitaba ojos y oídos en embajadas, banquetes y casinos donde se mezclaban militares, empresarios y aristócratas simpatizantes del Eje o de los Aliados, y una joven americana elegante, políglota y aparentemente inofensiva era una pieza valiosa.

La espía vestía de rojo.

Oficialmente, Aline llegó a Madrid en 1944 como “secretaria” vinculada a la embajada de Estados Unidos o a una compañía multinacional, según las distintas versiones que ella misma dio a lo largo de los años. En realidad, trabajaba para la OSS con tareas que iban desde la transcripción y cifrado de mensajes hasta la obtención de información en círculos sociales y políticos cercanos al régimen de Franco.

Su nombre en clave era “Tigre”, aunque en algunos relatos aparece también el sobrenombre “Butch”, y dependía de responsables de la red estadounidense en Madrid como Frank Ryan y Ricardo Sucre. El objetivo principal de su misión, tal y como contaría décadas después, era vigilar las actividades de agentes nazis establecidos en España, seguir el rastro de los cargamentos de wolframio y controlar posibles fugas de información militar.

Las fuentes militares estadounidenses recogen que, además de su trabajo de cifrado, Aline desarrolló una pequeña red de informantes que incluía a dos mujeres vascas que bajaban de los Pirineos con datos sobre movimientos de tropas alemanas, y que supo ganarse la confianza de oficiales y diplomáticos fascistas gracias a su presencia en eventos sociales. En palabras del propio Hall of Fame, su valor residía en que “podía ir a muchos lugares donde otros no podían, recopilando información de gran valor militar”.

En 1987, ya consagrada como condesa y socialité, Aline publicaría sus memorias de guerra bajo el título The Spy Wore Red (La espía vestía de rojo), donde narraba un Madrid de lujo y peligros, persecuciones nocturnas y operaciones de alto riesgo en las que ella, sola, descubría dobles agentes y desmontaba tramas soviéticas. El libro fue un éxito de ventas y dio pie a dos continuaciones, The Spy Went Dancing (1990) y The Spy Wore Silk (1991), centradas en sus supuestas misiones ya en plena Guerra Fría.

La investigación olvidada.

El problema es que, en cuanto las memorias se hicieron famosas, llegaron las dudas. En 1991, el diario especializado Women’s Wear Daily revisó archivos de la OSS y de otros organismos, concluyendo que Aline habría “bordado” —es decir, adornado— numerosas escenas de espionaje. Según ese trabajo, los documentos mostraban a Griffith como una empleada de oficina que luego accedió a un puesto de inteligencia de nivel relativamente bajo, encargada sobre todo de transmitir chismes y observaciones de sociedad, más que de protagonizar operaciones letales.

El mismo reportaje señalaba que no existían pruebas de episodios que ella relataba con detalle, como el tiroteo en el que habría matado a un hombre que intentó asesinarla, o su papel clave en descubrir a un topo soviético con la ayuda de la duquesa de Windsor, a la que invitaba a cenas magníficas para sonsacar a sospechosos. Un antiguo oficial de inteligencia, citado de forma anónima, afirmaba que la persecución de aquel espía soviético había costado “dos años y unos doscientos agentes” a la CIA, y que la versión de la condesa era, en el mejor de los casos, “muy engañosa”.

La propia Aline defendió su relato en entrevistas, insistiendo en que “mis historias están todas basadas en la verdad” y explicando que había cambiado nombres, omitido detalles y alterado el orden de algunos hechos para proteger a personas que seguían vivas y porque “es imposible que los detalles de una misión estén en un archivo”. La CIA, fiel a su estilo, nunca ha comentado oficialmente su caso.

Ese conflicto entre archivo y memoria ha hecho que para algunos historiadores Aline sea una agente real que luego convirtió su vida en novela; y para otros, una brillante fabuladora que partió de una base cierta —su trabajo en la OSS— para construir un personaje a medio camino entre Mata Hari y Audrey Hepburn.

La condesa en la España de Franco y la Guerra Fría.

Lo que sí está documentado es su transformación en condesa y figura clave de la élite franquista. En 1947, Aline Griffith se casó en España con Luis Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, conde de Quintanilla, nieto del poderoso político liberal Álvaro de Figueroa, conde de Romanones. Con la muerte del suegro, su marido heredó el título principal y ella pasó a ser conocida mundialmente como la condesa de Romanones.

Su boda no estuvo exenta de dramatismo: crónicas posteriores relatan cómo un antiguo novio norteamericano, desesperado, habría intentado disparar contra la pareja el día del enlace, episodio del que ella habría salido ilesa y que alimentó aún más su aureola de “condesa con revólver en el bolso”. En entrevistas, Aline repetía que siempre llevaba un arma pequeña de empuñadura nacarada en su bolso, incluso en recepciones oficiales.

Durante las décadas de 1950 y 1960, se movió como pez en el agua en la España de Franco: amiga de ministros, de diplomáticos estadounidenses y de miembros de la realeza, asistía a recepciones en El Pardo, organizaba cacerías y fiestas en la finca de Pascualete (Cáceres) y mantenía abiertas sus conexiones con los servicios de inteligencia norteamericanos, según ella misma contaba. Libertad Digital la describe como “agente de alto rango” de la CIA durante aquellos años, en un contexto en el que, tras la Guerra Fría temprana, Washington acabó aceptando al régimen franquista como aliado frente al comunismo, sellando la relación con la visita de Eisenhower a Madrid en 1959.

La condesa, que alternaba temporadas en Nueva York, Madrid y Extremadura, se convirtió también en escritora, periodista y personaje mediático, ocupando portadas de revistas y programas de televisión ya en la Transición.

El legado oculto.

Aline Griffith murió en Madrid el 11 de diciembre de 2017, a los 94 años, tras años de problemas respiratorios. Sus últimos meses los pasó entre Nueva York, Extremadura y la capital, y poco antes de fallecer creó la Fundación Aline Condesa Viuda de Romanones para preservar su legado, aunque la gestión de su herencia económica se vio envuelta en polémicas judiciales por presuntas apropiaciones indebidas y administración desleal en las que se vieron implicados algunos de sus herederos.

Su figura sigue generando debate. Para unos, fue una auténtica espía que supo aprovechar su belleza y su título nobiliario para colarse en los palacios donde se hablaba del futuro de España y de Europa; para otros, una hábil narradora que supo vender su historia en un momento en que la Guerra Fría y el glamour de los servicios secretos fascinaban al público.

En cualquier caso, su vida ilumina un ángulo poco conocido de la historia de España: el de una dictadura oficialmente neutral y luego aliada de Washington, recorrida por redes de espías, emisarios y aristócratas que se movían entre embajadas, cacerías y cócteles. En ese tablero, la condesa de Romanones supo construirse un personaje que, verdadero o exagerado, todavía hoy nos permite contar la Guerra Fría desde los salones de Madrid.

Infografía de la Condesa de Romanones
Infografía de la Condesa de Romanones
Epoca: Segunda Guerra Mundial (1943–1945) y primera Guerra Fría en la España de Franco (aprox. 1945–1960)
Localizacion: Pearl River (Nueva York, Estados Unidos), Madrid (España) —hotel Ritz, embajada de EE. UU. y salones aristocráticos del franquismo—, finca de Pascualete (Trujillo, Cáceres, España), París y otras capitales europeas donde la OSS y luego la CIA desplegaron a Aline en misiones de enlace.
Personajes: Aline Griffith Dexter (condesa de Romanones), Luis Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, Francisco Franco, Frank Ryan (OSS), Dwight D. Eisenhower

Bibliografia consultada

Griffith, A. (1987). The Spy Wore Red: My Adventures as an Undercover Agent in World War II. Random House.

U.S. Army Intelligence Center. (s. f.). Countess Aline Griffith Romanones [Military Intelligence Hall of Fame biography]. https://www.ikn.army.mil/apps/MIHOF/biographies/Griffith,%20Aline.pdf

La Razón. (2023, 17 de diciembre). Aline Griffith: la Mata Hari de la realeza española. LaRazon.es. https://www.larazon.es/cultura/historia/aline-griffith-mata-hari-realeza-espanola_20231218657ffe50d7b0c3000195e2a1.html

Women’s Wear Daily / recogido en Boston Globe. (2017, 15 de diciembre). Aline Griffith, American-born spy, Spanish countess, and author of espionage tales. BostonGlobe.com. https://www.bostonglobe.com/metro/obituaries/2017/12/16/aline-griffith-american-born-spy-spanish-countess-and-author-espionage-tales/

Libertad Digital. (2017, 13 de diciembre). Aline Griffith, la espía de la CIA que vivió entre la aventura y el lujo. Libertaddigital.com. https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2017-12-13/aline-griffith-la-espia-de-la-cia-que-vivio-entre-la-aventura-y-el-lujo-1276609528/