Narcís Monturiol: el soñador que quiso conquistar el fondo del mar.
Un inventor utópico, dos submarinos imposibles y una ruina que cambió la historia naval.
Un inventor utópico, dos submarinos imposibles y una ruina que cambió la historia naval.
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En plena Barcelona industrial del siglo XIX, entre fábricas humeantes, revueltas obreras y sueños de revoluciones pacíficas, un tipógrafo de Figueres se empeñó en domar el mar desde dentro. Se llamaba Narcís Monturiol i Estarriol, republicano utópico, lector de socialistas franceses, enemigo declarado de la violencia… y un obsesionado por salvar vidas en el Mediterráneo.
Su respuesta a la muerte absurda de un buzo de coral frente al cabo de Creus no fue un panfleto político, sino algo mucho más audaz: un “barco‑pez” capaz de sumergirse con seguridad, respirar bajo el agua y trabajar en las profundidades sin condenar a los hombres al ahogo. Lo bautizó Ictíneo, del griego “pez nave”, y con él se convirtió en uno de los grandes pioneros de la navegación submarina, aunque su propio país lo empujó a la ruina.

El origen del mito.
Narcís Monturiol nació en Figueres en 1819, en una Cataluña que empezaba a transformarse con las primeras chimeneas manufactureras. Estudió Derecho, pero pronto se movió hacia el periodismo y la agitación política: fundó periódicos, se convirtió en uno de los principales difusores en España del socialismo utópico de Étienne Cabet y lideró en Barcelona un pequeño grupo de “icarios” que soñaban con colonias igualitarias al otro lado del océano.
Su republicanismo y sus ideas socialistas le valieron persecuciones y exilios interiores; a menudo tuvo que refugiarse en Cadaqués, en el extremo del cabo de Creus, para escapar de la policía isabelina. Fue allí, según contaría después, donde presenció una escena que le marcaría para siempre: la muerte de un recolector de coral, atrapado por una corriente o por un desprendimiento mientras trabajaba en apneas sucesivas, ante la impotencia de sus compañeros.
Monturiol se prometió entonces encontrar una forma segura de trabajar bajo el agua. En 1848 empezó a tomar notas sobre la idea de un “armao submarino” —un sumergible— capaz de bajar al fondo con una tripulación protegida en su interior, observar, recolectar y volver a la superficie sin arriesgar la vida del buzo. Guardó sus apuntes en secreto durante casi once años: temía el ridículo, carecía de dinero y sabía que su proyecto estaba varias décadas por delante de la tecnología disponible.
A mediados de los años cincuenta, de regreso en Barcelona y animado por la efervescencia científica de la ciudad, decidió dar el salto. En 1857 constituyó una sociedad de accionistas, la Sociedad Monturiol, Font, Altadill y Cía., para financiar la construcción de su “barco‑pez”. En 1858 publicó una memoria pública titulada Ictíneo o barco‑pez, donde describía por primera vez su invento y pedía apoyo económico a la burguesía catalana para llevarlo a cabo.
El Ictíneo I: el barco‑pez de madera.
Entre 1858 y 1859, Monturiol y su equipo construyeron el primer Ictíneo en los astilleros de Barcelona. El sumergible, botado oficialmente el 28 de junio de 1859 en el puerto de Barcelona, era una nave de madera de 7 metros de eslora, 2,5 de manga y unos 3,5 de calado, con forma de pez y doble casco: uno interior resistente a la presión y otro exterior hidrodinámico.
Su finalidad declarada no era militar, sino civil: facilitar la pesca de coral y la exploración submarina sin arriesgar la vida de los buzos, algo que convertía al Ictíneo en el primer submarino concebido expresamente para fines no bélicos. El casco interior disponía de espacios para una tripulación de hasta cinco personas y un sistema de lastres y tanques de agua que permitían regular la inmersión y la flotabilidad con notable precisión para la época.
La propulsión era manual: varios tripulantes accionaban una hélice mediante manivelas, ayudados por aire comprimido para maniobrar en inmersión. Pese a esa limitación, entre 1859 y 1862 el Ictíneo I realizó alrededor de 69–70 inmersiones en el puerto de Barcelona y en otras aguas, todas ellas sin accidentes, recogiendo gran cantidad de datos sobre estabilidad, visibilidad bajo el agua y comportamiento de la estructura.
Monturiol fue el primero en combinar de manera sistemática el doble casco, la plena operatividad en los tres ejes (adelante‑atrás, arriba‑abajo, giro) y la generación de una atmósfera artificial segura en el interior del sumergible. Su obsesión por la seguridad lo llevó a diseñar válvulas de emergencia, sistemas de lastre de rápida evacuación y protocolos estrictos de pruebas, muy por encima de otros proyectos contemporáneos.
El éxito técnico del Ictíneo impresionó a la prensa y a la comunidad científica barcelonesa, pero no tanto a la administración. En marzo de 1861 realizó una inmersión espectacular en Alicante ante los ministros de Marina y Fomento, que aplaudieron y prometieron ayuda; sin embargo, esa ayuda nunca llegó más allá de palabras y pequeños apoyos simbólicos.
Ictíneo II: el sueño del motor bajo el agua.
Cansado de esperar subvenciones, Monturiol rompió en 1862 las negociaciones con el gobierno de Isabel II y lanzó una suscripción popular para financiar un segundo submarino más grande y avanzado. La respuesta fue sorprendente: miles de pequeñas aportaciones de toda España —obreros, profesionales, burgueses ilustrados— permitieron reunir el doble de capital que en la ocasión anterior y fundar la sociedad “La Navegación Submarina”.
El Ictíneo II se construyó en Barcelona y fue botado el 2 de octubre de 1864 en el Port Vell. Medía unos 17–18 metros de eslora, 3 de manga y cerca de 3,5 metros desde la quilla a la cúpula, con capacidad para unos veinte hombres en su casco interior. Mantenía el sistema de doble casco, pero mejoraba la habitabilidad, la visibilidad y el control de inmersión, hasta el punto de que algunos historiadores lo consideran el primer submarino plenamente operativo de la historia desde el punto de vista tecnológico.
El gran reto ya no era sumergirse de forma segura, sino moverse bajo el agua con autonomía. El Ictíneo II comenzó, como su predecesor, con propulsión manual; pero Monturiol sabía que esa solución era insuficiente y se lanzó a idear un motor mecánico capaz de funcionar en inmersión sin consumir el oxígeno de la tripulación.
Su respuesta fue revolucionaria: un motor anaeróbico, un sistema de propulsión a vapor alimentado por una reacción química que generaba calor y, como subproducto, oxígeno respirable. El combustible era una mezcla de dióxido de manganeso, zinc y clorato de potasio en proporción aproximada 120:75:10, que al reaccionar producía suficiente calor para hervir agua y mover medio motor de vapor, mientras liberaba oxígeno que se recogía en tanques para renovar el aire interior e incluso alimentar la iluminación.
Monturiol dividió una máquina de vapor de seis cilindros en dos mitades: una, alimentada por carbón para navegación en superficie; otra, calentada por el sistema químico para la navegación sumergida. El 14 de diciembre de 1867 se probó este motor sin aire externo en el Ictíneo II en el puerto de Barcelona: la reacción funcionó, pero la potencia generada resultó insuficiente para mover la nave con la carga prevista. El submarino apenas se desplazó; el sueño del motor submarino estaba técnicamente bien planteado, pero financieramente agotado.
Ruina, olvido y rescate
Las pruebas fallidas aceleraron la crisis. La sociedad La Navegación Submarina, que financiaba el proyecto, se declaró en quiebra el 23 de diciembre de 1867, tras haber invertido más de 100.000 duros —una suma con la que se habrían podido comprar varias fragatas— sin obtener el apoyo del Estado. Los acreedores reclamaron lo suyo, y el Ictíneo II, principal activo de la empresa, pasó a manos de un particular.
El nuevo propietario se encontró con un problema: el Estado gravaba todos los buques con impuestos, incluyendo al extraño “barco‑pez”. En lugar de pagar, optó por desmontar el submarino y venderlo como chatarra. La máquina de vapor de superficie acabó instalada en una fábrica textil, y algunos de los ojos de buey de vidrio se reutilizaron como ventanas de baño. Del Ictíneo II original solo sobrevivieron planos, modelos y memorias.
El propio Monturiol, arruinado, tuvo que contemplar impotente cómo su gran obra era destruida ante sus ojos. Intentó reorientarse hacia otros inventos —prensas de impresión, máquinas para fabricar cigarrillos, proyectos de carreteras— y se mantuvo activo en círculos científicos y políticos, pero nunca volvió a disponer de recursos para construir un tercer submarino.
En 1891, seis años después de su muerte en Barcelona en 1885, se publicó su obra póstuma Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua, la primera gran síntesis mundial sobre navegación submarina, donde recogía su experiencia con los Ictíneos, repasaba la historia de los intentos anteriores y exponía principios teóricos y prácticos para futuras generaciones. Ese tratado, ignorado durante décadas, es hoy reconocido como una aportación fundamental a la historiografía de la ciencia y la técnica navales.

El legado oculto.
Desde el punto de vista técnico, los Ictíneos de Monturiol se adelantaron décadas a su tiempo. El Ictíneo I fue el primer sumergible civil pensado para usos científicos y económicos, con doble casco, control tridimensional y un énfasis obsesivo en la seguridad de la tripulación. El Ictíneo II dio un paso más al plantear por primera vez un motor de propulsión anaeróbico y un sistema integrado de renovación del oxígeno en un contenedor hermético: la solución al gran problema de la vida prolongada bajo el agua.
Aunque el motor químico no funcionó como propulsor práctico, su concepción lo sitúa como precursor directo de los sistemas de propulsión independiente del aire (AIP) que, siglo y medio después, equipan submarinos modernos. No es casual que Monturiol figure, junto a Isaac Peral, entre los grandes pioneros de la navegación submarina española y mundial.
Su fracaso económico, sin embargo, revela también el divorcio entre la ciencia y el Estado isabelino. A pesar de pruebas exitosas ante ministros y promesas de apoyo, el gobierno nunca apostó realmente por su invento; al final, aquel intelectual republicano que suplicó a Isabel II la expropiación de su submarino para la Armada —ofreciendo a la vez su uso gratuito para fines civiles— terminó pagando de su bolsillo una innovación que podrían haber aprovechado otros.
Hoy, parte de su legado se conserva en el Museo Marítimo de Barcelona, que guarda unos 150 planos originales del Ictíneo II y modelos a escala del sumergible; durante años, réplicas del Ictíneo I y II han formado parte del paisaje del Port Vell y de los jardines del museo, convertidas en símbolos discretos de la ciudad. La réplica del Ictíneo I ha tenido que ser desmontada por deterioro, pero el museo ya ha anunciado su intención de construir una nueva, más resistente y accesible.
Más allá del icono tecnológico, el personaje de Monturiol resume una manera de entender la ciencia: como herramienta al servicio de la vida y de la justicia social, no de la guerra. Su “barco‑pez” nació no para hundir enemigos, sino para salvar a los recolectores de coral; su motor químico se pensó tanto para mover un casco como para producir oxígeno para la tripulación; su gran tratado sobre navegación submarina es un canto al conocimiento compartido, no al secreto militar.
En un país donde muchas veces se recuerda a los inventores cuando triunfan fuera, la historia de Narcís Monturiol y el Ictíneo es también la de un talento que se hundió sin apoyo estatal, pero que, con el tiempo, ha emergido como uno de los capítulos más fascinantes —y más poéticos— de la ingeniería española.
Bibliografia consultada
Wikipedia. (s. f.). Ictíneo I y Ictíneo II. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Ict%C3%ADneo_I ; https://es.wikipedia.org/wiki/Ict%C3%ADneo_II
Patrimoni Gencat. (2025). Ictíneo-Monturiol para la navegación submarina: reseña histórica y descripción técnica de los aparatos. https://patrimoni.gencat.cat
Museu Marítim de Barcelona. (2018). Modelo de sumergible Ictíneo II. https://www.mmb.cat/es/colleccions/navegacion-submarina/modelo-sumergible-ictineo-ii/
Enciclopedia US / OEPM. (s. f.). Narcís Monturiol y Monturiol Estarriol, Narciso. http://enciclopedia.us.es ; http://historico.oepm.es/museovirtual