La plaga que hizo bailar a Estrasburgo hasta el colapso.

Un verano de hambre y miedo en que cientos danzaron sin poder parar.

5 de junio de 2026 Lectura: 9 min

Un verano de hambre y miedo en que cientos danzaron sin poder parar.

En julio de 1518, las calles empedradas de Estrasburgo hervían de calor, miseria y miedo. La ciudad, entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico, arrastraba malas cosechas, hambrunas y epidemias, mientras los sermones advertían que la ira divina pendía sobre cada tejado. En ese escenario cargado de angustia, una mujer salió de su casa y empezó a bailar sola.

No había música.

No era fiesta.

Y no podía detenerse.

Se llamaba Frau Troffea, y su danza descontrolada fue la chispa de una de las epidemias más extrañas de la historia: la plaga de baile de Estrasburgo de 1518.

Representación del baile de San Vito
Representación del baile de San Vito

El origen del mito.

Las crónicas sitúan el inicio el 14 de julio de 1518, cuando Frau Troffea comenzó a girar y brincar en una calle estrecha de la ciudad, sin acompañamiento ni motivo aparente. Dicen los cronistas que bailó horas, luego días; al caer exhausta, dormía un rato… y al despertar volvía a moverse, como impulsada por un resorte invisible.

En menos de una semana, unas 30 personas más se habían unido a ella, atrapadas en la misma compulsión, moviendo brazos y piernas de forma espasmódica, con la mirada perdida, incapaces de detenerse aunque la sangre les llenara las botas. A mediados de agosto, el número de danzantes ascendía, según las fuentes municipales y eclesiásticas, a unos 400 hombres, mujeres e incluso jóvenes, ocupando plazas y calles enteras.

El fenómeno no era totalmente nuevo: desde el siglo XIV se habían registrado otras “danzas de San Vito” o “St. John’s dance” en ciudades del valle del Rin, como Aquisgrán o Lieja, en las que multitudes bailaban hasta el agotamiento. Pero la epidemia de Estrasburgo fue distinta por su escala, su documentación y por la reacción desesperada de las autoridades.

Una ciudad al borde del colapso.

Para entender la plaga hay que mirar el contexto. Estrasburgo, en 1518, era una ciudad libre imperial sometida a fuertes tensiones: malas cosechas, subida del precio del grano, brotes de enfermedad y una religiosidad saturada de miedo al castigo divino. John Waller, uno de los historiadores que mejor ha estudiado el caso, recuerda que los habitantes estaban convencidos de que santos como san Vito o san Juan podían castigar los pecados con convulsiones y danzas incontrolables.

En lugar de ver el baile como un gesto voluntario, los vecinos entendieron enseguida que Frau Troffea estaba “poseída” por una plaga enviada por Dios o por los santos airados. El miedo se contagió tanto como el movimiento: cuanto más se hablaba de ello, más gente empezaba a danzar.

Los síntomas descritos por las fuentes son perversamente coherentes: movimientos espasmódicos, danzas que duraban horas, dolor en el pecho, desmayos, algunos episodios de alucinaciones y gritos de súplica, pies en carne viva… pero sin que los afectados pudieran detener su cuerpo. Un cronista comparó el esfuerzo de aquellos hombres y mujeres con algo que “ni un corredor de maratón” podría soportar durante tanto tiempo.

En medio de la angustia, el Concejo de la ciudad consultó a médicos y clérigos. Los astrólogos descartaron causas planetarias; los médicos, influidos por la teoría humoral, diagnosticaron un exceso de “sangre caliente” que solo podía expulsarse dejando que los danzantes se movieran hasta vaciar esa combustión interna.

El remedio iba a ser peor que la enfermedad.

La respuesta absurda de las autoridades.

Convencidos de que la cura era “bailar hasta sanar”, los gobernantes de Estrasburgo ordenaron habilitar espacios para que los afligidos siguieran danzando sin molestar al resto de la ciudad. Se abrieron guildhalls (casas gremiales), plazas y hasta el mercado del grano; se construyó un escenario de madera y se contrataron músicos de tambor y gaita, y bailarines profesionales, con dinero público, para acompañar y “ayudar” a los enfermos a no parar.

La escena raya lo surrealista: un ayuntamiento aterrorizado organiza una especie de macroverbenas con enfermos que bailan hasta colapsar, convencido de que así expulsarán el mal. El resultado fue el contrario: al convertir la plaga en espectáculo, aumentaron la exposición pública, reforzaron la creencia de que se trataba de una intervención sobrenatural y facilitaron el contagio psíquico.

Las fuentes difieren en el número de muertos. Algunas crónicas tardías hablan de hasta 15 fallecidos al día por infartos, derrames o agotamiento, mientras que los documentos municipales contemporáneos no dan cifras exactas y ni siquiera mencionan explícitamente las muertes, aunque sí el miedo a que la plaga acabara “con muchos ciudadanos”. Los historiadores modernos concluyen que es plausible que murieran decenas de personas, pero imposible fijar un número con rigor.

Lo que sí sabemos es que, a comienzos de septiembre, la ciudad cambió de estrategia. Abandonó la idea de “bailar la enfermedad” y apostó por lo contrario: sacar a los afectados de las calles y canalizar el fenómeno en clave religiosa.

La peregrinación a san Vito y el fin de la plaga.

Siguiendo la lógica devocional de la época, las autoridades decidieron que la plaga de baile era una especie de castigo o posesión ligada a san Vito, santo asociado a convulsiones y danzas incontroladas. Ordenaron entonces que los danzantes fueran conducidos al santuario de san Vito en las cercanías —algunas fuentes señalan una capilla en Saverne o en una pequeña localidad próxima—, donde se les colocaron zapatos bendecidos y se celebraron misas y exorcismos.

El cambio de tratamiento coincidió con la disminución paulatina de los casos: hacia principios de septiembre, la epidemia remitió y Estrasburgo volvió poco a poco a su rutina de hambre, impuestos y miedo. No hubo una explicación clara; simplemente, la ciudad dejó de bailar.

La plaga de 1518 fue el último gran brote de “manía danzante” documentado en Europa, tras episodios como el de 1374 en el valle del Rin. Desde entonces, el fenómeno desaparecería como epidemia colectiva, dejando a su paso preguntas que aún no tienen respuesta definitiva.

¿Enfermedad física o histeria colectiva?

¿Qué ocurrió realmente en Estrasburgo? A lo largo de los siglos se han propuesto varias teorías.

Una de las más populares es la del ergotismo: la intoxicación por cornezuelo del centeno, un hongo (Claviceps purpurea) que contamina el grano húmedo y produce alucinaciones, convulsiones y sensaciones de quemazón en los miembros. El problema, señalan estudios modernos, es que el ergotismo suele causar espasmos dolorosos y rigidez, no un baile rítmico sostenido durante días, y además suele ir acompañado de gangrenas y síntomas que las fuentes no describen.

Otra hipótesis apunta a una enfermedad neurológica, como la corea de Sydenham —una afección que provoca movimientos involuntarios— o algún tipo de epilepsia colectiva; pero de nuevo, las crónicas hablan de gente que parece consciente, reza, se queja del esfuerzo y mantiene cierto ritmo, más que de crisis neurológicas incoherentes.

La teoría hoy más aceptada entre historiadores como John Waller es la de un episodio de “enfermedad psicógena masiva” o histeria colectiva, disparada por un cóctel de estrés extremo, miedo religioso y sugestión. La población de Estrasburgo vivía bajo una presión brutal: hambre, epidemias, deuda, violencia, y un imaginario en el que santos castigadores podían obligarte a danzar hasta caer.

En ese contexto, el caso inicial de Frau Troffea —quizá una mujer con un trastorno psicológico individual, o alguien que buscaba una forma ritual de pedir intervención divina— se convirtió, amplificado por los sermones y la atención de las autoridades, en un modelo mental contagioso: quien sentía angustia física o espiritual podía “canalizarla” en forma de danza incontrolable, sin que eso fuera percibido como locura individual, sino como participación en un mal colectivo.

El hecho de que las autoridades reforzaran la idea de que se trataba de una “plaga de baile” —organizando escenarios, músicos y espacios dedicados— no hizo sino legitimar la forma de expresión y favorecer el contagio psíquico: más gente empezó a bailar porque era la manera culturalmente esperable de manifestar el sufrimiento.

En ese sentido, la epidemia de 1518 es un caso límite de cómo el cuerpo puede convertirse en escenario de tensiones sociales y creencias religiosas, y de cómo el poder, intentando controlar el pánico, puede alimentarlo sin querer.

Zona del Sacro Imperi Germano afectada por la epidemia.

El legado oculto.

La plaga de baile de Estrasburgo ha pasado a la cultura popular como una anécdota casi ridícula —“los que bailaron hasta morir”—, pero para los contemporáneos fue una tragedia muy seria. Detrás de la imagen pintoresca hay gente descalza, hambrienta, asustada, moviéndose hasta el colapso mientras médicos y sacerdotes discutían si aquello era castigo de Dios, enfermedad del cuerpo o ambas cosas a la vez.

Hoy, el episodio es objeto de estudios académicos sobre coreomanías, enfermedades psicógenas y el papel del contexto cultural en la expresión del dolor colectivo. También se ha convertido en metáfora contemporánea: la idea de “bailar hasta caer” como símbolo de sociedades que, empujadas por el estrés, la fe o la presión social, se mueven en masa hacia el agotamiento sin entender bien por qué.

¿Fue enfermedad o histeria? Probablemente, un cruce de ambas: cuerpos reales, agotados y lesionados, guiados por una mente colectiva atrapada entre el miedo al castigo divino y la necesidad desesperada de encontrar una forma de canalizar el terror. En el verano de 1518, Estrasburgo no organizó un baile… fue el baile quien se apoderó de Estrasburgo.

Epoca: Primer tercio del siglo XVI, verano de 1518, Sacro Imperio Romano Germánico (Estrasburgo pre-Reforma)
Localizacion: Estrasburgo (entonces ciudad libre imperial del Sacro Imperio, hoy Alsacia, Francia), valle del Rin occidental europeo como región de otras coreomanías; santuario de san Vito en las cercanías de Estrasburgo como lugar de peregrinación final de los danzantes.
Personajes: Frau Troffea, John Waller, Paracelso, San Vito, Autoridades del Concejo de Estrasburgo

Bibliografia consultada

Britannica. (2026). Dancing plague of 1518. Encyclopaedia Britannica. https://www.britannica.com/event/dancing-plague-of-1518

Waller, J. (2008). A Time to Dance, a Time to Die: The Extraordinary Story of the Dancing Plague of 1518. Citado en: Waller, J. (2025). Dancing plagues and mass hysteria. The Psychologist, British Psychological Society. https://www.bps.org.uk/psychologist/dancing-plagues-and-mass-hysteria

BBC Culture. (2022, 12 de mayo). The people who “danced themselves to death”. BBC.com. https://www.bbc.com/culture/article/20220512-the-people-who-danced-themselves-to-death

Public Domain Review. (2018, 9 de julio). The Dancing Plague of 1518. https://publicdomainreview.org/essay/the-dancing-plague-of-1518

Starr, D. (2017). Divine Punishment or Disease? Medieval and Early Modern Approaches to the 1518 Strasbourg Dancing Plague. Dance Research, 35(2), 135–154.