El Oro de Moscú: tesoro a la deriva entre guerra y propaganda.

Cuando España envió su oro a Stalin para comprar armas… y nació un mito.

11 de junio de 2026 Lectura: 6 min

Cuando España envió su oro a Stalin para comprar armas… y nació un mito.

En otoño de 1936, mientras las columnas sublevadas se acercaban a Madrid y el frente se desmoronaba entre guerras de columnas y bombardeos, el Gobierno de la República tomó una decisión que marcaría para siempre la memoria española. De madrugada, con camiones requisados y escolta armada, empezó a vaciar la cámara acorazada del Banco de España. El Oro de Moscú, aquel tesoro —la cuarta reserva de oro del mundo— iba a emprender un viaje clandestino de Madrid a Cartagena, de Cartagena a Odesa, y de Odesa al corazón de la Unión Soviética.

Nació así el episodio conocido como “el Oro de Moscú”: para unos, el mayor expolio de nuestra historia; para otros, una maniobra desesperada pero racional para comprar armas cuando casi nadie quería venderlas a la República.

El origen del mito.

En julio de 1936, al estallar la Guerra Civil, el Banco de España custodiaba unas reservas de oro de entre 640 y 707 toneladas, valoradas en unos 725 millones de dólares de la época, fruto en buena parte de la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial. Eran, como recuerdan historiadores como Javier Tusell o Anthony Beevor, la cuarta reserva de oro más importante del planeta.

El 12 de septiembre de 1936, el gobierno presidido por Francisco Largo Caballero, con Juan Negrín como ministro de Hacienda, decidió trasladar el oro fuera de Madrid ante el temor muy real de que la capital cayera en manos de los sublevados. El decreto semiclandestino que autorizaba el movimiento fue firmado por el presidente Manuel Azaña y por el propio Negrín, legalizando la incautación gubernamental de las reservas del Banco de España para “necesidades de guerra”.

Entre el 14 y el 26 de octubre, unas 7.800 cajas de madera —cada una con lingotes y, sobre todo, monedas de oro— salieron de la sede del Banco en la calle de Alcalá rumbo a la base naval de Cartagena y a los polvorines de La Algameca. En total, se trasladaron a Cartagena unas 510 toneladas de oro, equivalentes a aproximadamente el 72–73% de las reservas; otras 193 toneladas se enviarían más tarde a Francia para financiar compras de material de guerra.

¿Por qué Moscú y no Londres o París? La respuesta está en el aislamiento diplomático de la República: Reino Unido y Francia impulsaban el Comité de No Intervención y habían congelado o dificultado seriamente los activos españoles, mientras Alemania e Italia, que sí violaban el pacto, lo hacían en apoyo de Franco. La URSS de Stalin fue la única gran potencia dispuesta a vender armas a gran escala al gobierno republicano, pero exigía garantías sólidas de pago.

Según declaró años después el propio Negrín, “la idea de situar fondos en Rusia fue mía, exclusivamente mía”, sin presión directa de Moscú; era, decía, la única vía viable para transformar el oro inmóvil en armas, combustible y alimentos.

El viaje secreto: de Madrid a Moscú.

A finales de octubre, la operación entró en su fase más delicada. En el puerto de Cartagena, cuatro mercantes soviéticos —Kim, Kursk, Nevá y Volgolés (a veces citado como Kine o Jruso en la documentación)— fueron cargados de noche con las cajas de oro por tanquistas soviéticos de la base cercana de Archena y personal español seleccionado.

El 25 de octubre de 1936, los cuatro barcos zarparon de Cartagena rumbo al puerto ucraniano de Odesa, escoltados por el secreto y por la preocupación de que submarinos o cruceros nacionales intentaran interceptarlos. El convoy llegó a Odesa el 2 de noviembre; allí, agentes de la NKVD y de la policía secreta soviética se encargaron de descargar el oro, trasladarlo en camiones militares fuertemente escoltados y conducirlo a Moscú.

El 6 de noviembre, las reservas españolas entraban en el Comisariado del Pueblo para las Finanzas, en la capital de la URSS, formalmente en calidad de “depósito” gestionado por una comisión hispano-soviética de la que formaban parte el embajador español Marcelino Pascua y funcionarios del Banco de España. A partir de entonces, cada lingote vendido y cada transferencia en divisas quedaban registrados en Moscú y en los apuntes contables que Negrín y su equipo atesorarían durante años.

En total, de las 510 toneladas enviadas, unas 460–473 toneladas de oro fino fueron efectivamente vendidas entre 1937 y 1938, principalmente a través del Gosbank y de bancos occidentales conectados a la red soviética, para pagar compras de armas y suministros en la propia URSS y en otros países. El oro quedó prácticamente agotado en el verano de 1938.

Mientras, las 193 toneladas enviadas a Francia se emplearon en operaciones similares; unas 40 toneladas de oro, bloqueadas judicialmente en instituciones francesas, serían finalmente recuperadas por el régimen franquista tras la guerra.

En pleno asedio de Madrid, el Gobierno republicano vació la cámara del Banco de España y envió 510 toneladas de oro a la URSS para pagar armas. Aquella operación, que permitió a la República resistir un tiempo más, fue convertida por el franquismo en el mito del “mayor robo de nuestra historia”. Hoy, los archivos muestran que el Oro de Moscú fue menos un expolio que una apuesta desesperada… cuyo precio seguimos discutiendo casi un siglo después.

¿Robo, estafa o precio de la guerra?

Desde el primer momento, la operación fue terreno fértil para la propaganda. El franquismo rebautizó el episodio como “el Oro de Moscú” y lo presentó como “el mayor atraco de la historia”: un gobierno ilegítimo que entrega el tesoro nacional a Stalin, asistido por agentes siniestros como el general de la NKVD Aleksandr Orlov. Décadas de discursos, panfletos y manuales escolares fijaron la idea de un “saqueo” del oro español por parte del comunismo internacional, narrado en clave de traición y conspiración.

Una vez abiertos los archivos soviéticos en los años noventa, la historiografía matizó ese relato sin negar sus aristas. Trabajos de Ángel Viñas (El oro de Moscú: alfa y omega de un mito franquista), de Pablo Martín-Aceña (El oro de Moscú y el oro de Berlín) o de Gerald Howson y Paul Preston han reconstruido con detalle las cantidades, las fechas y las condiciones de las transacciones.

Epoca: Guerra Civil española (1936–1939), con especial foco en 1936–1938, Segunda República y primeras etapas de la URSS de Stalin
Localizacion: Banco de España en Madrid (calle de Alcalá); base naval de Cartagena y polvorines de La Algameca (Murcia, España); puerto de Odesa (actual Ucrania); Moscú (URSS), Comisariado del Pueblo para las Finanzas y Gosbank; bancos y mercados financieros de Francia y Reino Unido implicados en las operaciones.
Personajes: Juan Negrín, Francisco Largo Caballero, Manuel Azaña, Iósif Stalin, Aleksandr Orlov

Bibliografia consultada

Viñas, Á. (1979). El oro de Moscú: alfa y omega de un mito franquista. Grijalbo.

Martín-Aceña, P. (2001). El oro de Moscú y el oro de Berlín. Alianza. Reseña en Hislibris. https://hislibris.com/el-oro-de-moscu-y-el-oro-de-berlin-pablo-martin-acena/

Preston, P. (cit. en mgar.net). El oro de Moscú. Síntesis divulgativa de Paul Preston sobre la financiación de la Guerra Civil. https://www.mgar.net/var/oro5.htm

Fundación Juan Negrín. (2014). La Fundación Negrín abre su archivo para rebatir la leyenda del “Oro de Moscú”. EFE / La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/local/canarias/20140208/la-fundacion-negrin-abre-su-archivo-para-rebatir-la-leyenda-del-oro-de-moscu.html

Región de Murcia Digital. (s. f.). La salida del oro de Moscú por Cartagena-El traslado. https://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,373,m,1915&r=ReP-27189-DETALLE_REPORTAJESPADRE