El Arca Santa: el cofre que hizo sagrada a Oviedo.
Un relicario viajero, entre leyenda y política, que convirtió a Asturias en nueva Jerusalén.
Un relicario viajero, entre leyenda y política, que convirtió a Asturias en nueva Jerusalén.
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En una pequeña sala de piedra, escondida en el corazón de la catedral de Oviedo, reposa un cofre recubierto de plata repujada al que durante siglos se acercaron reyes, peregrinos y soldados temblando de miedo y devoción. Es el Arca Santa, un relicario que la tradición sitúa en Jerusalén en tiempos de Cristo y que, tras un viaje casi novelesco por el Mediterráneo, habría acabado en la cima de una montaña asturiana antes de encontrar su lugar definitivo en la Cámara Santa de la “Sancta Ovetensis”.
La leyenda afirma que dentro de ese cofre descansan hasta 85 reliquias de Jesucristo, la Virgen y los apóstoles, entre las que destaca el Santo Sudario, el lienzo de lino que habría cubierto el rostro de Jesús muerto. La historia, en cambio, nos habla también de política, de reyes que buscan legitimidad y de una ciudad que se convirtió en uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad medieval gracias a un arca.

El origen del mito.
La tradición sobre el Arca Santa comienza lejos de Asturias. Según el relato transmitido por crónicas medievales y recogido en fuentes como la Crónica Silense y autores modernos, en el año 614 el rey persa Cosroes II invadió Jerusalén; ante el avance de sus tropas, los cristianos reunieron en una caja de madera —un arca de cedro— las principales reliquias de Jesús y María, entre ellas el Sudario, para salvarlas de la profanación.
Ese arca habría sido llevada primero a Alejandría, y cuando también Egipto cayó bajo el dominio persa, embarcada hacia la Península Ibérica, entrando por el puerto de Cartagena. Allí, cuenta la tradición, el obispo de Écija, san Fulgencio, la remitió a su superior, el obispo de Sevilla, san Isidoro, que custodió el tesoro en la capital hispalense.
Tras la muerte de san Isidoro, el arca sería trasladada a Toledo, entonces sede principal de la Iglesia visigoda, donde se sustituyó la caja de cedro original por otra de roble. Con la invasión musulmana de 711, los cristianos habrían decidido retirar las reliquias hacia el único lugar que consideraban seguro: el norte montañoso de la Península.
Ahí entra en escena Asturias. Según una de las versiones más difundidas, el arca fue llevada al monte Monsacro, la “montaña sagrada” cercana a Oviedo, donde permaneció oculta durante unos ochenta años, probablemente en una cueva o eremitorio conocido luego como “pozo de Santo Toribio”. Otra tradición, recogida por Constantino Cabal, atribuye el traslado a santo Toribio, obispo de Astorga, que habría viajado a Jerusalén, reunido por inspiración divina numerosas reliquias, embarcado con ellas y desembarcado milagrosamente en la costa asturiana antes de subir al Monsacro para esconder el arca.
Incluso existen relatos leoneses que señalan que, antes de llegar a Asturias, el arca habría sido escondida en Camposagrado (León), acompañando al arzobispo Urbano y al infante Pelayo en su huida hacia el norte, según un manuscrito aparecido en archivos de la Casa de los Tusinos. Lo que comparten todas estas versiones es la idea de un tesoro sagrado que huye de invasiones y guerras, protegido por obispos y santos, hasta encontrar refugio en las montañas del joven reino astur.
La Cámara Santa: Oviedo como nueva Jerusalén.
El siguiente capítulo lo protagoniza la monarquía asturiana. En el siglo IX, el rey Alfonso II el Casto (791–842) decidió convertir Oviedo en una capital sagrada, dotándola de una iglesia palatina dedicada al Salvador y a los Doce Apóstoles y de un relicario digno de las reliquias procedentes del Monsacro.
Para ello ordenó construir la Cámara Santa, un pequeño edificio de dos pisos adosado al conjunto catedralicio, concebido como santuario doble: una cripta inferior dedicada a Santa Leocadia y una capilla superior consagrada a San Miguel, destinada a custodiar los tesoros. Estudios arqueológicos recientes sitúan su construcción en época de Alfonso II o, según otros autores, de Alfonso III (866–910), pero en todo caso dentro del auge del reino astur como bastión cristiano frente al islam.
En esa capilla alta se depositó el Arca Santa, procedente del Monsacro, junto a otras reliquias y cruces como la de los Ángeles y, más tarde, la Cruz de la Victoria. De ahí nace el sobrenombre de “Sancta Ovetensis” para la catedral de Oviedo: un lugar donde se guardan “tesoros indecibles desde la Alta Edad Media”, en palabras de la divulgación oficial, y que desde la Edad Media atrajo peregrinos de toda Europa, a veces como etapa previa o alternativa al Camino de Santiago.
La Cámara Santa, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1998 junto a otros monumentos prerrománicos asturianos, fue así el escenario perfecto para que el mito del Arca Santa tomara cuerpo arquitectónico y litúrgico.
La apertura de 1075: miedo, inventario y plata.
Hasta el siglo XI, el arca permaneció cerrada, envuelta en tradición pero sin descripción detallada de su contenido. Todo cambia el 13 de marzo de 1075, cuando el rey Alfonso VI de León y Castilla, en plena ofensiva contra taifas y en proceso de consolidar su autoridad, acude a Oviedo acompañado de su hermana doña Urraca, de varios obispos y de un invitado ilustre: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, con su esposa Jimena.
Ese día se procede a la solemne apertura del Arca Santa “en medio de gran temor”, como subraya un relato posterior, ante el monarca, los prelados y la corte reunida. Un acta conservada en el archivo catedralicio —la llamada “Apertura del Arca Santa”— enumera las reliquias que se encuentran en su interior: fragmentos de la Cruz y del Lignum Crucis, espinas de la corona de Cristo, tierra del Calvario, leche de la Virgen, vestiduras de María, reliquias de apóstoles y mártires, y, sobre todo, el Santo Sudario del Señor.
Ese documento de 1075 es una de las piezas clave para los historiadores, porque constituye el primer testimonio escrito y detallado del contenido del arca. Junto a él, una inscripción grabada en la propia caja resume el acontecimiento y menciona a Alfonso VI y a Urraca como promotores del recubrimiento de plata.
Se dice que el rey quedó “tan impresionado” por lo hallado que ordenó recubrir el viejo cofre de madera con planchas de plata repujada, dando lugar al Arca Santa tal y como la contemplamos hoy: una obra excepcional de orfebrería románica, con relieves de Cristo en Majestad, apóstoles, escenas bíblicas y una inscripción que exalta la devoción de los donantes. Desde entonces, el arca no es solo contenedor de reliquias, sino reliquia en sí, objeto de culto y de propaganda regia.

La investigación olvidada: entre reliquia, política y devoción.
Más allá de la leyenda, la investigación moderna ha analizado el Arca Santa desde varias perspectivas. Por un lado, estudios de historia del arte confirman que la estructura actual del relicario es de la segunda mitad del siglo XI, probablemente ejecutada en torno a 1075 por orfebres vinculados a la corte leonesa, aunque algunos autores la sitúan incluso cerca de 1120. Es decir, el cofre de plata es posterior al supuesto arca de cedro jerosolimitano y al arca visigoda de roble de Toledo: una envoltura nueva para un contenido antiguo.
Por otro, trabajos académicos como los publicados en revistas de la Universidad de Oviedo recuerdan que las dos fuentes más antiguas —el acta de 1075 y la inscripción del arca— mezclan datos históricos verificables con elementos hagiográficos, fieles a la mentalidad de la época, en la que la acumulación de reliquias y la narración de sus viajes servían para legitimar el poder de reyes y obispos.
También se ha estudiado la relación entre el Arca Santa y el desarrollo del culto al Sudario de Oviedo, un paño de lino de 85 × 52 cm con manchas de sangre venerado como prenda funeraria de Cristo y mencionado explícitamente en el acta de 1075. Análisis palinológicos, textiles y de patrones de manchas han buscado correspondencias entre el Sudario y la Sábana Santa de Turín, sugiriendo coincidencias en la disposición del rostro y en el tipo de sangre, aunque estos estudios siguen siendo objeto de debate científico y teológico.
La Cámara Santa sufrió un golpe brutal en la Revolución asturiana de 1934: una carga de dinamita voló buena parte de su estructura, destruyendo bóvedas, esculturas del apostolado y dañando seriamente los relicarios, que tuvieron que ser restaurados tras la Guerra Civil. Paradójicamente, aquel atentado anticlerical contribuyó a que en el siglo XX se emprendieran campañas sistemáticas de documentación, restauración y estudio que hoy nos permiten conocer mejor tanto la arquitectura prerrománica como la historia del Arca.
El legado oculto.
El Arca Santa ha dejado una huella profunda en la espiritualidad y en la identidad de Oviedo. Desde la Edad Media, la ciudad fue destino de peregrinos que, siguiendo ramales del Camino de Santiago, se desviaban para ganar indulgencias en la “Sancta Ovetensis”, especialmente durante el Jubileo de la Santa Cruz, vinculado a las reliquias de la Cámara Santa. En la actualidad, la Cámara Santa y el Arca forman parte del conjunto de monumentos del reino de Asturias declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, junto a Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, San Julián de los Prados y otros edificios singulares, como testimonio de cómo un pequeño reino del norte mantuvo viva la llama del cristianismo y creó un estilo prerrománico propio. Más allá de la fe, el Arca Santa es un espejo donde se reflejan los miedos y aspiraciones de una época. En sus leyendas se proyecta el trauma de invasiones persas, árabes y guerras; en su plata repujada, la voluntad de reyes como Alfonso II y Alfonso VI de presentar a Oviedo como una nueva Jerusalén del occidente cristiano; en el Sudario, la obsesión medieval por tocar lo más cercano posible el cuerpo de Cristo. Quizá nunca sepamos cuánto hay de historia y cuánto de construcción simbólica en el viaje del Arca desde Jerusalén al Monsacro, pero lo cierto es que, al abrirse en 1075 “en medio de gran temor”, cambió para siempre el mapa espiritual de la Península: desde entonces, quien va a Santiago “y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor”, como recordaba un viejo refrán de los peregrinos.
Bibliografia consultada
Fernández Conde, F. J. (2018). Algunas observaciones sobre las reliquias del Arca Santa de la Catedral de Oviedo. Territorio, Sociedad y Poder, Univ. de Oviedo. https://reunido.uniovi.es/index.php/TSP/article/download/14860/13423/37889
Turismo de Asturias. (s. f.). Cámara Santa de Oviedo: reliquias sagradas e historia. TurismoAsturias.es. https://www.turismoasturias.es/descubre/cultura/prerromanico/camara-santa
Wikipedia. (s. f.). Arca Santa y Santo Sudario de Oviedo. En Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Arca_Santa ; https://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Sudario_de_Oviedo
El Camino de Santiago desde Asturias. (2016, 11 de enero). El Arca Santa en el Monsacro. http://elcaminodesantiagodesdeasturias.blogspot.com/2016/01/el-arca-santa-en-el-monsacro.html